Desde las empresas para Andalucía

Javier González de Lara

Presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA)

Andalucía Inmobiliaria es una de mis cabeceras de referencia y hoy me brinda la oportunidad de compartir mi gratitud al tejido empresarial andaluz tras ser reelegido presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA). Por delante, cuatro años más para continuar defendiendo aquello en lo que creemos: la iniciativa privada y la empresa. Afronto el honorable desempeño con pasión, convencido defensor que soy del papel de las empresas y de sus organizaciones representativas. Y asumo el compromiso de seguir hasta 2026 al frente de nuestra patronal, bajo la firme convicción de que debemos mirar hacia adelante, unidos y con determinación.

Los últimos tiempos han sido de una complejidad inédita para todos. En mis años al frente de CEA, he procurado junto a mi equipo acompañar y asistir a los empresarios andaluces en un escenario poscrisis financiera mundial; frente a los efectos del Brexit; ante el desafío de la pandemia Covid… Y ahora, sin solución de continuidad, frente a la guerra de Ucrania y su impacto en nuestras vidas. De tal cruce de incertidumbres he aprendido que lo más inesperado pueda estar acechando a la vuelta de la esquina. Y ello nos obliga a permanecer siempre alerta, con serenidad y luces largas.

En este último período, comparto con humildad que, posiblemente, nuestro mayor acierto desde CEA ha sido generar confianza y actuar bajo tres parámetros: la unidad, la lealtad y el rigor.

CEA es hoy una organización más abierta y participativa, con una marcada vocación de liderazgo moderno; una entidad que escucha y da voz a sus bases, con el diálogo y la lealtad al interlocutor como señas de identidad. No hemos rehuido, -ni lo haremos-, de un solo asunto de relevancia socioeconómica, sin tratar de satisfacer a nadie sino posicionándonos en defensa de los intereses de las empresas andaluzas. La independencia es un valor con mayúsculas.

En estos primeros compases de mi tercer mandato hago balance de lo logrado para tomar impulso: hemos suscrito útiles acuerdos y desarrollado numerosas actuaciones con el Gobierno andaluz; hemos firmado necesarias estrategias con los sindicatos y hemos mantenido una fluida interlocución con los partidos en sede parlamentaria. Hemos procurado una constante y fructífera comunicación con todos para contribuir a un clima de estabilidad, atributo clave en cualquier escenario político.

Mirada a futuro

Hablar del futuro y del progreso de las empresas andaluzas significa ahora hablar de las consecuencias de la invasión del Estado soberano de Ucrania; de los valores de Europa y de la Alianza Atlántica frente a la tiranía o, en otros términos, de la fortaleza de la Democracia y de la libertad. Un desafío histórico que se suma a la herida aún abierta de la crisis Covid, que arrasó el 5% del tejido productivo andaluz, condenando a la desaparición de más de 20.000 empresas.

El reflejo en el mercado laboral de esta circunstancia y un horizonte financiero complejo, –tensiones inflacionistas por los elevados precios de materias primas y suministros energéticos; la finalización de la moratoria para la devolución de los créditos ICO; el incremento de los costes laborales unitarios en más de un 9,5% en los últimos tres años–, nos abocan a un lento proceso de recuperación de la tasa de desempleo, que en Andalucía alcanza el 20%.

En este difícil contexto, algunas claves para el desarrollo de nuestra economía a medio plazo son: la definición de un plan para la corrección de los desequilibrios de las finanzas públicas, un uso apropiado y eficaz de los Fondos de Recuperación provenientes de la Unión Europea y acometer las reformas estructurales pendientes.

Desde CEA, como agente económico y social, nos hemos ofrecido a colaborar en los procesos que conllevan la articulación de esos fondos comunitarios desde la identificación de necesidades hasta la traslación de información e incluso, si fuera necesario, impulsar su gestión. Porque son una oportunidad histórica y pueden funcionar como la herramienta determinante para mejorar nuestro potencial de crecimiento, aumentar la tasa de empleo y corregir los desequilibrios de nuestra economía. Para conseguirlo es fundamental crear un clima de certidumbre y confianza.

En proceso de “transformación”

Desde la patronal andaluza insistimos en que, más allá de transitar la recuperación, la que estamos experimentando es una inevitable transformación. El coronavirus ha actuado como un “acelerador de procesos” vinculados al avance de la digitalización, la transición ecológica o la búsqueda de cohesión social. Todos ellos, ejes estratégicos en muchas organizaciones.

De algo podemos estar seguros: nuestra economía en los próximos años será la resultante del esfuerzo inversor y de las mejoras de eficiencia y competitividad de nuestras empresas. Es por ello que, a día de hoy, han de ver facilitada su labor. El mercado de trabajo debe ser más dinámico y superar retos pendientes: alta tasa de desempleo; dualidad; desajuste entre las demandas empresariales y los perfiles que el actual modelo educativo-formativo genera; inasumibles tasas de desempleo juvenil (40% en Andalucía) y de parados de larga duración, con la necesidad de mejores políticas activas de empleo y de incentivos a la contratación.

Constatamos que hay fuerzas que están transformando el mundo del trabajo. Desde la perspectiva netamente social, se presentan oportunidades para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y cerrar desequilibrios, pero nada ocurrirá por sí solo. Los avances tecnológicos darán lugar a nuevos empleos; las competencias de hoy no se ajustarán a los perfiles de mañana y las nuevas adquiridas pueden quedar obsoletas. De igual modo, la aplicación de criterios de sostenibilidad medioambiental en la economía generará nuevos empleos y se perderán otros, asociados a industrias basadas en el uso intensivo de recursos. La propia evolución demográfica será también generadora de actividades en torno a los cuidados y la inclusión.

Por todo esto, debemos redoblar nuestros esfuerzos en mostrar a la sociedad el verdadero rol de las empresas. Exponer los obstáculos técnicos, administrativos y burocráticos a los que se enfrentan y que, en la mayoría de las ocasiones, son barreras innecesarias y artificiales.
Las empresas, al adoptar una decisión de inversión, no sólo evalúan un territorio y sus recursos, sino también y de forma muy evidente su calidad institucional: la certeza de sus normas, la estabilidad política, la celeridad del sistema judicial, la seguridad jurídica. Y la mejoría del contexto normativo no consiste en hacer más normas, sino en su correcta aplicación y en la racionalización de las ya existentes. Como afirmara el Premio Nobel de Literatura Anatole France, “El árbol de las leyes ha de podarse continuamente”.

En este sentido, en Andalucía hemos avanzado notablemente en estos últimos meses con el Decreto Ley de Simplificación Administrativa. Creo que ese es el camino correcto: insistir en la mejora de la regulación más que en su cantidad. Legislar menos. Legislar mejor. Y junto a las modificaciones legislativas, debemos seguir insistiendo en la modernización y digitalización del sector público. La bien contrastada eficacia de Hacienda y la Agencia Tributaria debería replicarse en todas las administraciones.

Consolidar la recuperación

Para consolidar la recuperación en Andalucía, principal reto al que se enfrenta nuestra Comunidad, no hay otro camino que el del apoyo a las empresas, como palancas del empleo y, con este, del bienestar de nuestra tierra.

Andalucía necesita una sociedad sólida, que considere de forma prioritaria a la empresa como vehículo para el desarrollo de los andaluces. A este propósito contribuirá de manera simbólica la reciente declaración del Día de la Empresa en Andalucía, señalado en el calendario regional el 28 de octubre. Con el unánime respaldo de los grupos parlamentarios, esta declaración ensalza a todos los andaluces que arriesgan e invierten generando empleo y proyectos dinamizadores, más allá de su sector productivo, tamaño o forma jurídica.

Para desarrollar este papel protagonista de progreso económico y social, los empresarios andaluces tenemos que seguir renovando nuestra capacidad competitiva. Debemos responder a las tres “D” de la competitividad actual de las empresas: densidad, dimensión y diversificación de la acción empresarial, ante el cambio constante y globalizado. La propia implicación social de la empresa del siglo XXI avala su firme compromiso con el entorno. Sinceramente, no conozco nada más progresista y social que crear empleo; que ser empresario.

Ahondando en la función social de las empresas, desde CEA seguiremos empeñados en el valor del Diálogo Social. En el acuerdo entre quienes deben negociar, Administración y agentes sociales, porque realmente ostentan la capacidad y la legitimidad para asumir el resultado de esos acuerdos. Soy un firme convencido de que no existe mayor infraestructura que la Paz Social. Y esta es fruto del Diálogo, del consenso entre las partes. No se genera en la calle de forma espontánea; se cultiva día a día entre empresarios y sindicatos, gestionando el conflicto y reconduciéndolo.

Por ello, desde la patronal insistiremos en la necesaria aprobación de una Ley de Participación Institucional de Andalucía, una norma ya existente en la mayoría de las Comunidades Autónomas de España y que dotaría de seguridad jurídica y transparencia a nuestra capacidad de diálogo. Y esa representatividad la requerimos para seguir con nuestra actividad que, como me he propuesto para este mandato, ha de ser aún más proactiva.

Para este nuevo tiempo al frente de CEA, y concluyo con esta idea, insistiré en la dimensión social de la empresa. A los empresarios andaluces no les interesa en absoluto una sociedad desigual, pobre e insostenible. Las empresas quieren, y representan, entornos de crecimiento y bienestar, porque son los ámbitos en los que pueden operar con lealtad, sin discriminaciones, con seguridad jurídica y con vocación de permanencia. Y yo creo en el compromiso social de las empresas; en la empresa socialmente responsable. Porque la empresa no es algo ajeno a la sociedad. No es una suma de bienes de equipo y procesos sino mucho más: es un conjunto de personas con una finalidad compartida, con objetivos y, sobre todo, con valores.

Así, como lo son los trabajadores en cada empresa, desde CEA intentaremos seguir contribuyendo al crecimiento de Andalucía con nuestro principal activo: el equipo de profesionales de la Confederación y de sus Organizaciones Territoriales y Sectoriales. Con vocación de servicio y promoviendo una sostenibilidad real, con la sana cooperación entre la sociedad civil, el sector privado y las administraciones. En resumen, y como dictó el lema de nuestra reciente Asamblea, “desde las empresas, para Andalucía”.

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