Crecemos de forma estable y sostenida en la actividad del sector de la construcción, pero sin llegar al nivel óptimo para atender las necesidades de la sociedad

Ricardo López Perona

Director de la Asociación de Fabricantes de Cemento de Andalucía – AFCA


El sector del cemento en Andalucía no se puede entender sin la figura de Ricardo López Perona, todo un referente con una dilatada trayectoria de más cuatro décadas vinculadas al desarrollo de ese producto clave para el mundo de la construcción y termómetro infalible de su desarrollo. Este ingeniero de caminos, canales y puertos inició su carrera en 1984 en el Instituto Técnico Español del Cemento, donde se curtió como experto en aplicaciones, desarrollo y normativas de este sector, lo que le llevó en 2001 a la dirección de la Asociación de Fabricantes de Cemento de Andalucía.
Esta dedicación la simultaneó con su vocación de servicio y su pasión por su profesión, implicándose durante una década en el Colegio de Ingenieros de Andalucía, donde ejerció de presidente, un compromiso con su colectivo profesional que extendió además durante cuatro años al Colegio a nivel nacional, formando parte también de su directiva.
Reflexivo, analista y con una perspectiva de altura que le confieren las luces largas de su amplia carrera, abordamos con él el presente y el futuro de un sector que forma parte esencial de su vida, reflejando el mismo entusiasmo, pasión y optimismo de aquel joven ingeniero que arrancó su andadura profesional en los años 80 con una energía y espíritu que permanecen intactos.

En este 2026 cumplirá 25 años al frente de la Agrupación de Fabricantes de Cemento de Andalucía, ¿qué balance hace de esta dilatada trayectoria?

Muy positiva porque he tenido el privilegio de ser testigo de la evolución de un sector clave para el mundo de la construcción durante estas últimas cuatro décadas. Un sector muy estable y además con mucha historia ya que la fábrica más antigua en Andalucía, situada en Málaga, tiene más de 100 años, y la más reciente, ubicada en Carboneras (Almería) tiene ya 45 años. No es fácil poner en marcha una planta cementera, se requiere de una gran inversión en sus instalaciones además de disponer terrenos donde se puedan explotar canteras durante bastantes años para obtener las materias primas que nutran su actividad.
En los más de 40 años de trayectoria he vivido varias crisis, de hecho empecé con una, la de los años 80, para pasar después al boom del 92 con la Expo de Sevilla, que dio paso de nuevo a una corta recesión para ir después un despegue brutal a principios de siglo con una actividad frenética nunca vista en el sector, convirtiéndose España en esos años en el quinto consumidor de cemento del mundo en 2007.

¿Cómo definiría la situación actual del sector cementero como termómetro clave para medir el estado de salud de la economía?

Para definir la situación actual hay que analizarla con perspectiva. En el año 1988 se consumieron en Andalucía 3,8 millones de toneladas de cemento y en este año 2026 podemos acercarnos a dicha cifra, por lo que estaríamos en ese caso al mismo nivel de demanda de hace 38 años. En el boom del 92 se consumieron 5,2 millones de toneladas y después bajamos a menos de 4 millones, para a partir de ahí comenzar un crecimiento continuado e inédito hasta los años 2006 y 2007, en los que alcanzamos los 10,5 millones.

Con la llegada de la crisis de 2008 la caída fue estrepitosa hasta desplomarse el consumo en un 36% en 2009, más incluso que en el año 1936 cuando se inició la Guerra Civil. Ya entre 2013 y 2016 se tocó suelo con un mínimo de 1,8 millones de toneladas, un descenso del 82%. En ese periodo prácticamente con una sola fábrica se podía abastecer la demanda de cemento de toda Andalucía, donde existían 7 fábricas, lo que evidencia el alcance de la crisis sufrida por el sector, que ha tenido que ir adaptándose a las circunstancias.

Desde 2017 se está creciendo de forma lenta pero estable y ya estamos a punto de duplicar este año ese mínimo histórico de la crisis de la pasada década. El año pasado 2025 se consumieron 3,5 millones de toneladas con un crecimiento del 10% respecto al año anterior, y para este año 2026 esperamos aumentar dicha cifra pero con un crecimiento inferior al que tuvimos el año pasado.

Llevamos, por tanto, una senda estable de crecimiento desde hace 8 años, pero todavía nos queda para llegar a un nivel normal de actividad si tenemos en cuenta el factor poblacional. En el año 1988 Andalucía contaba con 6,8 millones de personas, por lo que la media de consumo de cemento por habitante era de 560 kilos. En cambio, hoy la comunidad autónoma tiene una población de 8,7 millones de personas, y si alcanzásemos la misma cifra que en 1988 el consumo medio estaría en 436 kilos por habitante, por lo que todavía nos queda senda de crecimiento para alcanzar un nivel de actividad similar al de 1988 teniendo en cuenta el aumento de la población, casi un 25% más.

Por tanto estamos creciendo pero no hemos llegado todavía a un nivel óptimo atendiendo a las necesidades de la sociedad. Hemos salido de una crisis muy profunda y larga, de casi una década, con secuelas importantes ya que se ha dejado en el camino a dos fábricas que tuvieron que cerrar y donde algunos hornos de cemento tuvieron también que parar.

Pese a todo, las empresas del sector han demostrado tener una gran capacidad de resiliencia y para paliar la ausencia de demanda nacional apostaron por las exportaciones. Así, en los años más duros de la crisis en Andalucía llegamos a exportar 2 millones de toneladas, pero en los últimos años estas ventas al exterior se han reducido y solo suponen algo más de 400.000 toneladas, con una bajada el último año de un 25%.

Este descenso exportador se debe también a la pérdida de competitividad con respecto a países como Turquía, Egipto o Argelia, lugares que no tienen los costes laborales ni las exigencias ambientales derivadas de la descarbonización que asume el sector en Europa, a lo que se añade también el precio de la energía eléctrica.

¿Cree que el sector va acompasado con el crecimiento de la economía en general?

Vamos en la línea con la marcha de la economía, creciendo de forma sostenida por el aumento de la población debida a la inmigración, además también del empuje que está suponiendo para la inversión la llegada de los fondos europeos. Si la economía va mejor, como hasta ahora, eso se refleja indudablemente en la construcción y en nuestro sector, por una mayor demanda de viviendas e infraestructuras.

¿Cómo ve la demanda de cemento para las infraestructuras y obra civil? ¿Qué protagonismo tiene actualmente la inversión pública? ¿Y el sector privado?

La mayor parte de la demanda de cemento la protagoniza el sector inmobiliario, que supone más del 60% del consumo, mientras que el resto va destinada a infraestructuras.

En Andalucía la inversión en infraestructuras de la Administración central está encorsetada por las prórrogas presupuestarias de estos últimos años, mientras que la administración autonómica, la Junta de Andalucía sí cuenta con presupuestos, con un crecimiento del 10% en inversión en infraestructuras. Ello unido a que estamos en un año preelectoral en la administración local, estimamos una inversión que alcance este año 2026 unos 2.500 millones en construcción de obra civil.
Es necesario incrementar la inversión pública, tanto en obra nueva como sobre todo en mantenimiento de infraestructuras. Lo estamos viendo con lo que ha pasado con las infraestructuras ferroviarias en la línea del AVE y la tragedia de Adamuz, donde el tráfico se ha multiplicado. Es inconcebible por ejemplo que el aeropuerto de Sevilla no tenga todavía una conexión ferroviaria con la estación de Santa Justa, o el caso de la Costa del Sol, con toda la demanda y la riqueza que se genera allí, que no tenga un ferrocarril que la recorra.

Lo vemos también en las infraestructuras hidráulicas, después del tren de borrascas que hemos sufrido, ya que pensemos que hubiese pasado si no hubieran existido las presas actuales que han regulado los caudales de los ríos y arroyos evitando mayores riadas e inundaciones, y si hubiesen existido más presas construidas si dichas inundaciones no hubiesen sido menores.

Hay estudios que apuntan a una necesidad de inversión en materia hidráulica de 100.000 millones en España en diez años, en ámbitos como el saneamiento, regulación o abastecimiento. Por ejemplo en el mantenimiento de presas, según la Asociación de Ingenieros de Caminos la administración central invierte sólo 16 millones de euros, mientras cifra en 570 la inversión necesaria para su mantenimiento.

También existe un importante déficit en el mantenimiento de las carreteras, la Asociación Española de la Carretera cifra en más de 14.000 millones el déficit en esa conservación de la red viaria, ya que el 50% de los firmes de las carreteras presenta problemas en España.

Hay un claro déficit en todas las infraestructuras y en su mantenimiento, por lo que la inversión pública tiene que crecer mucho más.

¿Qué diagnóstico hace de la situación de la vivienda en la actualidad?

El sector de la edificación de viviendas partía de unos datos ridículos en la década pasada, ya que en 2015 se llegaron a visar unas 5.000 viviendas nuevas en toda Andalucía. Afortunadamente se ha ido creciendo y el último dato apunta a 32.00 viviendas visadas, aunque sigue siendo una cifra muy alejada de los mejores momentos.

Subrayar que históricamente y antes de la crisis el volumen mínimo de viviendas nuevas visadas en Andalucía no había bajado de 40.000. Es cierto que la cantidad de viviendas que había en stock tras el frenazo de 2008 ha costado darle salida, pero ya esta cantidad está absorbida y en estos momentos todas las viviendas visadas se venden, por lo que no generan stock. Las perspectivas son, por tanto, buenas, siempre que el mercado financiero acompañe facilitando el componente crediticio.

Todo lo que se construye se vende, aunque el dato interanual en mayo del pasado año cifraba las viviendas visadas en cerca 35.000, en noviembre registraba 32.000, por lo que parece que ha habido una cierta ralentización a finales de año.

¿Y cómo vislumbra el futuro de la vivienda?

La demanda ha cambiado con la evolución de la modificación de la composición de los hogares y el flujo migratorio y hace falta construir más viviendas, para lo cual es necesario agilizar los trámites urbanísticos. Un proyecto para la edificación es complicadísimo sacar adelante, sobre todo si se ubica en un suelo a desarrollar. Otro aspecto fundamental es la necesidad de construir más viviendas de protección oficial que en la última década casi había desaparecido, cuando anualmente en Andalucía siempre se habían construido más de 10.000 viviendas anuales. Es necesario recuperar el impulso de este tipo de vivienda.

El avance en la construcción está impulsando nuevas formas y modelos para la edificación, con nuevos materiales, ¿cómo está abordando el sector estos cambios mirando al futuro?

Necesitamos adoptar procesos de industrialización en la construcción. Es cierto que el uso creciente de módulos prefabricados de forma industrializada va a conferir más agilidad y ritmo de construcción y van a disminuir la dependencia de los trabajos tradicionales, que se están perdiendo por el déficit de mano de obra especializada. Además las técnicas de construcción apoyadas en las nuevas tecnologías, como la construcción en 3D y otras técnicas en digitalización tienen bastante futuro y se van a ir abriendo camino cada vez con más fuerza.

La sostenibilidad y la eficiencia energética están marcando la pauta para el futuro de todos los sectores productivos, ¿cómo lo está afrontando el sector y cuáles son sus planes para su despliegue?

Tenemos un gran reto por delante que es el de la descarbonización del sector de la construcción en general y el de los materiales de construcción en particular. Por ejemplo en el sector cementero disponemos ya de una hoja de ruta para lograrlo en el 2050 y el sector está hoy en ebullición y comprometido con ello.
A nivel nacional ahora mismo hemos reducido un 25% las emisiones de CO2 por tonelada de cemento con respecto al año 1990, que es el punto inicial. En el horizonte de 2030 tenemos que rebajar dichas emisiones en un 42% por tonelada de cemento, un 83% en el 2040 y ser incluso negativos en CO2 en 2050. La exigencia de 2030, la más cercana, estamos en el camino de lograrla.

Una de las palancas clave para la descarbonización de la construcción es la utilización de cementos con menos huella de carbono y por tanto con menos emisiones de CO2 y eso se puede aplicar a todos los materiales y también a los procesos de producción. Debemos tener presente que con el tiempo se van a demandar más estos materiales con menor huella de carbono. En ese sentido la Directiva Europea de Eficiencia Energética de Edificios, que hay que transponer a la legislación española ya en 2026, establece límites de huella de CO2 por metro cuadrado construido.

Un aspecto importante para avanzar en la descarbonización de la construcción es la necesidad de que las administraciones tienen que ejercer de elementos tractores en la demanda de estos materiales más sostenibles, solicitándolos y primándolos en sus licitaciones y contrataciones con una apuesta clara por la compra pública verde. En la actualidad no vemos que las administraciones lo valoren y lo prioricen en sus obras públicas.

¿Cómo ve el reto de la valorización de residuos y la apuesta por la economía circular?

Nuestro sector es uno de los mayores recicladores que hay en España, ya que utilizamos residuos como combustibles alternativos a los de origen fósil. Para elaborar el cemento cogemos materia prima, calizas y arcillas fundamentalmente, y las calcinamos a temperaturas del orden de 1.450 ºC y para ello necesitamos combustibles que tradicionalmente han sido de origen fósil (carbón y coque de petróleo).

Para disminuir el consumo de estos combustibles fósiles llevamos más de 20 años sustituyéndolos por residuos en lo que se denomina la valorización energética de residuos, y ya hemos alcanzado cifras de un 40% en los niveles de sustitución. Nos queda mucho camino aún por recorrer porque en Europa hay países, como Alemania y Austria, que ya han alcanzado niveles del 70%. En el año 2023 valorizamos 216.000 toneladas de residuos en las fábricas de Andalucía y tenemos un potencial que nos puede llevar a duplicar esta cifra, evitando además su depósito en vertederos.

Y sobre el reto de la descarbonización general de la economía, ¿cree que se está avanzando a la velocidad adecuada?

El hecho de tener que afrontar este reto ya es un beneficio en sí mismo, ya que nos obliga a ser eficientes y a seguir un camino que tenemos que recorrer todos. Ahora bien, creo que los objetivos recogidos por el Pacto Verde Europeo hace seis años son demasiado ambiciosos y nos exige una velocidad que no creo que la economía y la sociedad vayan a alcanzar.

De hecho, la Unión Europea ya está matizando sus exigencias en cuanto a la industria de la automoción y el uso de combustibles. La descarbonización de la economía es positiva pero la velocidad a la que se pretende que vayamos no es real, sobre todo porque estamos en un mundo globalizado y competimos con otras áreas geográficas que no tienen estas exigencias ni compromisos.

¿Cuál es su valoración sobre la burocracia actual y los tiempos en las tramitaciones administrativas?

La gran maraña legislativa (fundamentalmente medioambiental y urbanística) que tenemos con normas europeas, nacionales, autonómicas y locales es muy compleja de afrontar y ralentiza y desincentiva las inversiones. Por ejemplo, para una modificación de una planta te tiras dos o tres años de trámites administrativos. Las empresas necesitan más agilidad y sobre todo certidumbre para saber en qué plazos de tiempo van a recuperar sus inversiones, estos no se pueden eternizar por la burocracia administrativa.

Esta maraña administrativa es, sin duda, uno de los cuellos de botella para el desarrollo y la inversión, está todo hiperregulado y los procesos administrativos son excesivamente largos. No obstante en Andalucía la Junta de Andalucía está dando pasos positivos como son la ley de simplificación administrativa o la creación de la unidad aceleradora de proyectos en la Consejería de Industria, que te hacen sentir acompañado.

La nueva ley como es la de gestión ambiental marcará la pauta en muchos sectores productivos y afecta al sector de forma directa, ¿cuál es su opinión y qué aportaciones habéis planteado?

Que una ley ambiental hable de agilidad administrativa y simplificación de trámites ya es positivo, ya que todas las normas de este tipo han sido siempre muy proteccionistas. Es importante porque hay un cambio de mentalidad a la hora de enfocar la ley. Una de nuestras reclamaciones es la necesidad de la seguridad en los plazos de respuesta en los trámites administrativos con la instauración del silencio positivo en algunos casos. También criticamos que no haya hay un trámite específico para que agilicen las inversiones en descarbonización de procesos productivos y reclamamos una unificación de criterios en los diferentes órganos de la administración también en la aplicación de las normas.

La incertidumbre y tensiones actuales en el panorama geopolítico internacional con las nuevas políticas de Donald Trump, ¿teme que repercuta en la marcha de la economía o desate una nueva crisis?

La geopolítica siempre ha sido complicada pero históricamente siempre hemos avanzado. No obstante a corto plazo la situación internacional es muy volátil por los últimos acontecimientos acaecidos en Oriente Medio y pueden generar efectos sobre el comercio mundial, el incremento de los precios fundamentalmente energéticos, sobre la inflación y restricción de los mercados financieros, lo que sería muy negativo para España, y por tanto nos afectaría al sector de la construcción. Habrá que estar muy atentos a cómo evolucionan dichos acontecimientos.

Con su larga trayectoria como ingeniero, ¿cómo ve al sector de la ingeniería y su proyección en un futuro cada vez más tecnológico y marcado por la IA?

La ingeniería tiene mucho futuro, las empresas y la sociedad demandan muchos ingenieros bien formados en nuevas tecnologías para ámbitos tan diversos como el transporte, el agua, infraestructuras y obra civil. En cuanto a la IA, es muy útil ya que nos ayudará a ser más eficentes y productivos, especialmente en procesos de automatismo donde se ha avanzado muchísimo, y también nos va a permitir disponer de más datos e información, aunque siempre harán falta personas que los interpreten, el conocimiento humano tiene que estar ahí para discernir y discriminar.

¿Cree que la falta de mano de obra es un problema serio para el futuro de la construcción?

Es un cuello de botella, no hay renovación en los oficios tradicionales de la construcción y la mano de obra va envejeciendo, no hay suficiente relevo generacional. Pero la verdad no entiendo mucho la situación en Andalucía, cómo hay falta mano de obra cuando hay 50.000 parados en el sector de la construcción según el SEPE, esto es una contradicción.

Desde el sector cementero, ¿cómo se ve la situación actual y el futuro del sector inmobiliario?

Tiene un buen futuro, ya que se necesitan muchas viviendas y el sector tiene mucho recorrido por delante para seguir creciendo. En Andalucía no se debería construir menos de 40.000 viviendas anuales atendiendo a la demanda actual y estamos todavía en 32.000. Andalucía es muy dinámica por el sector del turismo y por la evolución de su población, por lo que el futuro que se dibuja es muy favorable.

¿Y el futuro del sector del cemento?

Lo veo con confianza y positividad, hay muchas expectativas ya que se necesitan más viviendas y más infraestructuras, además del mantenimiento y conservación de las mismas antes subrayado, hay también futuro y mucho por hacer por delante.

¿Cúal ha sido la clave para evolucionar en tu larga trayectoria y cómo vislumbras tu futuro?

Estoy con ganas y energía, me siento muy bien para seguir trabajando y sigo siendo el mismo en el fondo, pero después de 40 años uno va sumando todas las experiencias vividas, con más madurez y conocimientos.

Y la clave durante mi trayectoria ha estado, sin duda, en la capacidad para adaptarme a los cambios del sector, de mi profesión y de la sociedad en general, si no te quedas estancado y mueres, aquello de que tiempos pasados fueron mejores normalmente no es verdad.

Por último, ¿cómo valora la marcha de la economía en Andalucía y cómo ve el panorama político actual en un año electoral?

En Andalucía hay un valor muy positivo que es la estabilidad y la certeza institucional, que son factores importantísimos para la actividad económica. También esto ha venido acompañado de una buena evolución de la inversión industrial, por lo que si se continua con las mismas políticas, vislumbro un futuro positivo si se mantienen las condiciones de estabilidad y confianza empresarial. La verdad que nos gustaría contar con esta misma situación y que esa confianza se pudiera extender también a la política nacional.

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