Andalucía ante la próxima revolución urbana y territorial : De las smart cities a los territorios inteligentes, humanos y predictivos
Andalucía ante la próxima revolución urbana y territorial
De las smart cities a los territorios inteligentes, humanos y predictivos
Fdo: Francisco Morcillo (CEO de MB3) y Germán Torrado (CEO de VESS).
Durante años hemos hablado de smart cities como si fueran ciudades o territorios llenos de sensores, aplicaciones móviles, farolas conectadas y cuadros de mando. Esa visión fue necesaria, pero hoy ya resulta insuficiente. La verdadera revolución urbana que viene no será simplemente tecnológica: será inmobiliaria, climática, energética, social, económica y territorial.
La ciudad inteligente del futuro no será la que más dispositivos tenga, sino la que mejor sepa anticiparse, cuidar, atraer talento, gestionar sus recursos, reducir incertidumbres y crear valor para las personas y para la economía real.
El mundo urbano y el rural está entrando en una nueva etapa. Ya no compiten solo por turistas, empresas o inversión. Compiten por habitabilidad, resiliencia, eficiencia, seguridad, talento, vivienda asequible, calidad ambiental y capacidad de adaptación. En este escenario, Andalucía no puede limitarse a observar el cambio. Tiene escala, identidad, posición geográfica, diversidad territorial y capacidad económica suficiente para convertirse en uno de los grandes laboratorios mediterráneos de la nueva inteligencia urbana.
La pregunta, por tanto, no es si Andalucía debe sumarse a esta transformación. La pregunta es si será capaz de liderarla desde su propia realidad: desde sus ciudades históricas, sus áreas metropolitanas, sus pueblos, su litoral, su patrimonio, sus puertos, sus universidades, su turismo, su logística, su energía y su potente ecosistema inmobiliario.
La smart city ha muerto. Nace la ciudad predictiva
La primera generación de ciudades inteligentes fue instrumental: sensorización, plataformas, datos abiertos, movilidad, eficiencia energética y administración electrónica. La segunda generación fue más estratégica: integración de servicios, participación ciudadana, sostenibilidad y gobernanza. La tercera generación, la que ya está emergiendo, será predictiva.
Una ciudad predictiva no espera a que los problemas ocurran. Los anticipa.
Anticipa olas de calor y adapta sus espacios públicos. Anticipa tensiones de movilidad y reorganiza flujos. Anticipa el envejecimiento de los barrios y rediseña servicios de proximidad. Anticipa la presión turística y protege el equilibrio urbano. Anticipa la demanda de vivienda, energía, agua, cuidados, logística y equipamientos. Anticipa riesgos de inversión, degradación urbana, vulnerabilidad social y pérdida de competitividad.
La inteligencia artificial, los espacios de datos urbanos, los gemelos digitales, la analítica avanzada y la automatización de procesos permitirán pasar de una ciudad que mide lo que ocurre a una ciudad que simula lo que puede ocurrir. Ese cambio es profundo. Supone pasar de la gestión reactiva a la planificación anticipatoria. De la administración que tramita a la administración que interpreta. Del urbanismo estático al urbanismo vivo.
Pero conviene no equivocarse: la ciudad predictiva no puede ser una ciudad gobernada por algoritmos opacos. Debe ser una ciudad aumentada por tecnología, pero dirigida por criterio humano, visión pública, inversión responsable y sentido común urbano.
Los primeros laboratorios reales de la ciudad predictiva
La ciudad predictiva no es una fantasía futurista ni una promesa lejana. Ya existen experiencias internacionales que muestran cómo la combinación de datos, simulación urbana, inteligencia artificial, modelos 3D, participación pública y planificación territorial está cambiando la forma de diseñar y gestionar las ciudades.
• Uno de los ejemplos más conocidos es Virtual Singapore, considerado uno de los primeros gemelos digitales urbanos y territoriales de gran escala. No se trata simplemente de una maqueta tridimensional, sino de una réplica digital enriquecida con información urbana que permite simular escenarios, analizar comportamientos y apoyar la toma de decisiones en planificación, infraestructuras, movilidad, energía o gestión de riesgos. Su valor no está en la espectacularidad visual, sino en haber convertido el territorio en un sistema analizable antes de intervenir sobre él.
• Otro caso especialmente interesante para Andalucía es Kalasatama, en Helsinki, un antiguo ámbito portuario e industrial transformado en distrito inteligente. Desde 2009, Helsinki lo ha desarrollado como un espacio de innovación urbana donde administración, empresas, ciudadanía y centros de conocimiento prueban soluciones de movilidad, energía, servicios urbanos y sostenibilidad. Su enseñanza principal no es tecnológica, sino metodológica: convertir un desarrollo urbano en una plataforma viva de experimentación, donde los pilotos se integran progresivamente en la gestión real de la ciudad.
• También Barcelona ha avanzado en la conceptualización de un gemelo digital urbano orientado a probar escenarios futuros y mejorar la toma de decisiones sobre retos como la resiliencia climática, el espacio público, la movilidad o la gestión turística. Este enfoque resulta especialmente útil para ciudades mediterráneas sometidas a presión turística, estrés climático, complejidad metropolitana y necesidad de transformar su modelo urbano sin perder identidad.
Estos casos muestran una tendencia clara: las ciudades más avanzadas ya no utilizan la tecnología solo para observar lo que ocurre, sino para ensayar decisiones antes de ejecutarlas. Esa es precisamente la oportunidad de Andalucía: no copiar modelos ajenos, sino adaptar sus aprendizajes a una realidad propia formada por grandes capitales, ciudades medias, litoral, interior rural, destinos turísticos, puertos, espacios naturales, áreas logísticas y territorios patrimoniales.
En Andalucía, esta tendencia podría aterrizar en proyectos muy concretos: analítica y modelos predicativos incorporando gemelos digitales para anticipar la evolución de las áreas metropolitanas o de su centros histórico como los que ya desarrollan Sevilla, Málaga o Granada; modelos predictivos para gestionar la presión turística en centros históricos y municipios litorales; plataformas de datos para planificar vivienda asequible en función de demanda real, transporte y empleo; simuladores climáticos para priorizar sombra, agua, vegetación y rehabilitación energética; herramientas de análisis para ordenar la logística urbana y portuaria; o modelos territoriales para conectar ciudades medias, pueblos y corredores productivos.
El salto cualitativo no estaría en desplegar más sensores, sino en tomar mejores decisiones. Andalucía puede utilizar la inteligencia predictiva para decidir dónde rehabilitar primero, dónde crecer, dónde proteger, dónde invertir, dónde densificar, dónde renaturalizar, dónde mejorar la movilidad y dónde activar nuevo suelo productivo o residencial.
El nuevo urbanismo será climático o no será
El cambio climático no será un capítulo ambiental dentro de la planificación urbana. Será el marco general de todo el urbanismo futuro.
Las ciudades mediterráneas, y especialmente las andaluzas, están en primera línea de esta transformación. El aumento de temperaturas, la escasez hídrica, las olas de calor, la presión sobre el litoral, la necesidad de rehabilitación energética y la adaptación de los espacios públicos obligan a repensar el modelo urbano desde la raíz.
El sector inmobiliario debe leer este cambio con inteligencia. El valor de un activo ya no dependerá solo de su ubicación, edificabilidad o rentabilidad inmediata. Dependerá también de su comportamiento energético, su exposición climática, su conectividad, su capacidad de adaptación, su relación con servicios urbanos, su integración en barrios vivos y su aportación a la sostenibilidad del entorno.
Esto abre una oportunidad enorme para Andalucía: rehabilitación energética masiva, regeneración de barrios, vivienda asequible eficiente, nuevos modelos de construcción industrializada, distritos de energía positiva, adaptación climática del espacio público, infraestructuras verdes y gestión inteligente del agua.
La ciudad inteligente andaluza no debería parecerse a una maqueta futurista de cristal y pantallas. Debería parecerse a un barrio confortable en agosto, a una vivienda que consume menos, a una plaza con sombra y vida, a un edificio que produce energía, a una calle que drena mejor la lluvia, a un centro histórico que conserva su identidad sin expulsar a sus vecinos.
Andalucía: laboratorio natural de la ciudad mediterránea del futuro
Andalucía tiene una condición singular: no es solo una comunidad con grandes ciudades. Es un sistema territorial completo. Tiene metrópolis, ciudades medias, pueblos, litoral, interior, patrimonio, puertos, aeropuertos, universidades, parques tecnológicos, polos logísticos, destinos turísticos maduros, espacios naturales, agroindustria y una posición geoestratégica entre Europa, África y América Latina.
Esa diversidad, que a veces se interpreta como complejidad, puede convertirse en una ventaja competitiva. Andalucía puede ser el gran laboratorio europeo de los territorios inteligentes mediterráneos.
Sevilla, Málaga, Granada, Córdoba, Cádiz, Huelva, Jaén y Almería tienen desafíos distintos, pero comparten una misma necesidad: pasar de proyectos urbanos fragmentados a estrategias integrales de transformación. La smart city no debe limitarse al municipio capital. Debe extenderse a áreas metropolitanas, corredores logísticos, comarcas rurales, destinos turísticos, parques empresariales, puertos, polígonos industriales y sistemas provinciales de servicios.
El reto no es llenar las ciudades de tecnología. El reto es construir una nueva cultura de decisión urbana basada en datos, conocimiento, colaboración público-privada y visión territorial. Andalucía no debe aspirar simplemente a tener ocho capitales inteligentes. Debe aspirar a configurar una red de ciudades, municipios y territorios inteligentes capaces de cooperar entre sí, compartir información, atraer inversión, ordenar el crecimiento y mejorar la vida cotidiana de las personas.
La vivienda será el gran indicador de inteligencia urbana
Durante demasiado tiempo hemos separado la conversación sobre smart cities de la conversación sobre vivienda. Es un error. Una ciudad no puede ser inteligente si no es habitable. Y no puede ser habitable si la vivienda se convierte en un factor de expulsión, desigualdad o bloqueo generacional.
La vivienda será uno de los grandes campos de innovación urbana de la próxima década. No hablamos solo de construir más, sino de construir mejor, rehabilitar más rápido, gestionar suelo con mayor inteligencia, diversificar modelos de acceso, impulsar vivienda asequible, activar suelos infrautilizados, reutilizar edificios, mezclar usos y acercar la vivienda al transporte, al empleo, a los cuidados y a los servicios cotidianos.
El reto es profundo: necesitamos una política de vivienda apoyada en datos, no solo en intuiciones. ¿Cuánta vivienda falta realmente? ¿Dónde? ¿Para quién? ¿Con qué precios? ¿Qué relación tiene con el empleo, el transporte, la emancipación juvenil, el turismo, la demografía, el envejecimiento o la localización de nuevos polos económicos?
La ciudad inteligente debe responder a esas preguntas con evidencia. La planificación urbanística del futuro no puede basarse únicamente en expedientes, planos y memorias.
Tendrá que apoyarse en modelos dinámicos de demanda, gemelos digitales urbanos, datos catastrales, movilidad, consumos energéticos, vulnerabilidad social, actividad económica y evolución demográfica. El urbanismo será cada vez menos estático y cada vez más adaptativo.
Aquí la inteligencia predictiva puede marcar una diferencia decisiva. Un modelo urbano avanzado permitiría cruzar datos de precios, renta, edad, movilidad, empleo, disponibilidad de suelo, licencias, transporte público, equipamientos, consumo energético y presión turística para anticipar dónde se generarán tensiones residenciales. Esto permitiría actuar antes de que el problema se desborde: reservar suelo, impulsar vivienda protegida, orientar rehabilitación, adaptar normativas, activar colaboración público-privada o priorizar inversiones en barrios con mayor vulnerabilidad.
Del edificio conectado al activo inmobiliario inteligente
El sector inmobiliario también vivirá su propia transformación. El edificio del futuro será un nodo activo dentro de la ciudad. Un edificio ya no será solo un contenedor de usos. Será una infraestructura energética, climática, digital y social. Medirá consumos, optimizará climatización, gestionará mantenimiento predictivo, producirá o compartirá energía, interactuará con la red eléctrica, ofrecerá datos de uso, mejorará la seguridad, facilitará servicios a sus usuarios y contribuirá al rendimiento global del distrito.
Esto cambiará la forma de valorar activos. La ubicación seguirá siendo fundamental, pero aparecerán nuevas capas de valor: eficiencia energética, huella de carbono, flexibilidad de uso, conectividad digital, certificaciones ambientales, capacidad de adaptación normativa, integración con movilidad sostenible, proximidad a servicios, calidad del espacio público y resiliencia climática. En otras palabras, el inmueble inteligente no será el que tenga más tecnología, sino el que genere más valor futuro con menos riesgo.
Para promotores, patrimonialistas, inversores, administraciones y operadores urbanos, esto implica una nueva cultura de datos. Quien gestione mejor la información gestionará mejor el activo. Quien entienda mejor el territorio tomará mejores decisiones de inversión.
La inteligencia artificial cambiará la gestión urbana, pero también el mercado
La inteligencia artificial será uno de los grandes aceleradores de la ciudad futura. No solo automatizará trámites o mejorará la atención ciudadana. Permitirá analizar millones de datos urbanos, identificar patrones invisibles, simular escenarios, optimizar recursos y personalizar servicios.
En el ámbito inmobiliario, la IA transformará la valoración de activos, el análisis de localizaciones, la detección de oportunidades, la gestión de riesgos, la planificación comercial, la eficiencia energética, la relación con clientes y la anticipación de demanda.
Pero su mayor potencial estará en la integración entre ciudad y mercado. Imaginemos plataformas capaces de cruzar planeamiento, movilidad, licencias, precios, demanda residencial, actividad económica, equipamientos, riesgo climático y disponibilidad energética. Imaginemos decisiones urbanísticas evaluadas antes de ejecutarse. Imaginemos promociones inmobiliarias diseñadas no solo en función del suelo disponible, sino del impacto real sobre la ciudad.
Ese es el salto: de la inteligencia artificial como herramienta a la inteligencia urbana como sistema.
Los gemelos digitales serán el nuevo planeamiento vivo
Los casos de Singapur, Helsinki o Barcelona permiten entender que el gemelo digital urbano no debe verse como una maqueta 3D sofisticada, sino como una nueva forma de planificar. Es, en realidad, un planeamiento vivo: un modelo capaz de integrar datos urbanos, infraestructuras, variables climáticas, movilidad, energía, vivienda, actividad económica, servicios públicos y escenarios futuros.
Un gemelo digital permite ensayar el futuro antes de construirlo. ¿Qué ocurre si peatonalizamos una vía? ¿Cómo cambia la movilidad si abrimos una nueva línea de transporte? ¿Qué impacto tiene una promoción residencial sobre los servicios públicos? ¿Dónde se concentra el calor extremo? ¿Qué zonas necesitan más sombra, agua, energía o equipamientos? ¿Cómo se comporta un barrio ante un evento masivo? ¿Qué efecto tendrá un nuevo desarrollo sobre la accesibilidad, el comercio o la demanda energética?
Para Andalucía, esta herramienta puede ser decisiva. No solo para grandes capitales, sino para áreas metropolitanas, destinos turísticos, puertos, parques tecnológicos y territorios rurales. El gemelo digital permitirá gestionar mejor el crecimiento, anticipar tensiones y conectar urbanismo, movilidad, vivienda, turismo, energía y medio ambiente.
El planeamiento dejará de ser una fotografía fija para convertirse en una película en permanente actualización.
La próxima competitividad será territorial
Durante décadas, la competitividad se ha medido desde la empresa, el sector o la ciudad. En los próximos años se medirá cada vez más desde el territorio.
Un territorio competitivo será aquel que combine vivienda accesible, suelo productivo, conectividad, talento, universidades, calidad ambiental, infraestructuras digitales, energía limpia, movilidad eficiente, seguridad jurídica, identidad cultural y capacidad institucional. Esa combinación será mucho más importante que cualquier ranking tecnológico.
Andalucía tiene activos muy poderosos: Málaga como hub internacional; Sevilla como capital institucional y nodo turístico por excelencia además de un enclave tecnológico, logístico y metropolitano; Granada como nodo universitario, científico y cultural; Córdoba como ciudad patrimonial y agroalimentaria; Cádiz y Huelva como territorios portuarios, energéticos e industriales; Almería como laboratorio agro-tecnológico; Jaén como espacio clave para la agroindustria, el aceite y la transición territorial.
Pero el salto vendrá cuando esos activos funcionen como red. Andalucía no debe aspirar a tener estrategias aisladas de smart city, sino una gran estrategia de territorio inteligente.
Turismo, inmobiliario y ciudad: una relación que debe madurar
Andalucía es una potencia turística. Eso es una fortaleza, pero también exige una gestión más sofisticada. La presión sobre centros históricos, litoral, vivienda, movilidad, recursos hídricos y servicios urbanos obliga a pasar del turismo de volumen al turismo inteligente.
La tecnología permitirá medir flujos, anticipar saturaciones, gestionar capacidad de carga, diversificar destinos, ordenar viviendas turísticas, proteger patrimonio y distribuir mejor el impacto económico. Pero la clave no será solo medir turistas; será equilibrar la ciudad.
Una ciudad inteligente no es la que atrae más visitantes, sino la que consigue que el turismo mejore la vida urbana, no que la sustituya.
Aquí el sector inmobiliario tiene un papel esencial. La inversión debe alinearse con modelos urbanos sostenibles, evitando dinámicas de expulsión, monocultivo turístico o pérdida de identidad. El futuro estará en proyectos mixtos, regeneración urbana, rehabilitación patrimonial, vivienda asequible, usos flexibles, economía local y espacios urbanos de calidad.
La ciudad de los cuidados será la verdadera ciudad inteligente
Hay una tendencia global que todavía no ocupa suficientes titulares: el envejecimiento urbano. Las ciudades del futuro deberán adaptarse a una población más longeva, con nuevas necesidades de accesibilidad, salud, acompañamiento, movilidad cercana, vivienda adaptada y servicios de proximidad.
Esto cambiará profundamente el urbanismo y el mercado inmobiliario. Crecerán los modelos de vivienda colaborativa, senior living, residencias integradas en barrios, servicios domiciliarios inteligentes, teleasistencia avanzada, espacios públicos accesibles y equipamientos de proximidad.
Andalucía, con su calidad de vida, clima, red urbana y atractivo residencial, puede convertirse en referencia europea de la economía de los cuidados y la longevidad activa. Pero para ello debe evitar modelos aislados o puramente inmobiliarios. La clave será integrar vivienda, salud, comunidad, movilidad, espacio público y tecnología.
La ciudad inteligente será también la ciudad que cuida.
Del dato público al dato compartido: la nueva infraestructura urbana
Las carreteras, redes de agua, puertos, estaciones y edificios seguirán siendo infraestructuras críticas. Pero en la próxima década habrá otra infraestructura igual de importante: el dato.
El dato urbano permitirá planificar, invertir, operar, evaluar y anticipar. Pero para que sea útil debe ser interoperable, seguro, gobernado y compartido. No basta con tener datos dispersos en administraciones, empresas concesionarias, operadores energéticos, plataformas turísticas, promotores, catastros o sistemas de movilidad. El valor aparece cuando esos datos pueden dialogar.
El futuro de las smart cities pasa por espacios de datos urbanos y territoriales, donde administraciones y empresas compartan información bajo reglas claras. Esto permitirá nuevos servicios, nuevos modelos de negocio y una gestión urbana más transparente.
Para el sector inmobiliario, esta evolución será decisiva. El dato reducirá incertidumbre, mejorará la planificación y permitirá inversiones más alineadas con la realidad territorial.
Andalucía no debe copiar modelos: debe crear el suyo
El error sería pensar que Andalucía debe copiar literalmente a Singapur, Helsinki, Barcelona, Copenhague o Dubái. La inteligencia territorial no se importa como una franquicia. Se adapta a una cultura urbana, a un clima, a una economía, a una forma de habitar y a una estructura territorial concreta.
De Singapur puede aprender la ambición de construir una visión digital integrada del territorio. De Helsinki, la capacidad de convertir un distrito urbano en laboratorio real de innovación. De Barcelona, la aplicación del gemelo digital a problemas mediterráneos como el turismo, el espacio público o la resiliencia climática. Pero Andalucía debe construir su propio modelo: más mediterráneo, más patrimonial, más climático, más metropolitano, más rural y más vinculado a la calidad de vida.
Andalucía necesita un modelo propio de ciudad inteligente mediterránea: habitable, climática, patrimonial, inclusiva, turística, logística, energética, metropolitana y rural al mismo tiempo.
Un modelo que entienda que la sombra es tecnología urbana. Que el agua es inteligencia territorial. Que rehabilitar puede ser más innovador que expandir. Que un centro histórico vivo vale más que un decorado turístico. Que un pueblo conectado también forma parte de la smart city. Que la vivienda asequible es infraestructura económica. Que el dato debe servir para decidir mejor, no para llenar discursos. Que la innovación no consiste solo en digitalizar lo que ya hacemos, sino en atrevernos a hacer cosas distintas.
Diez tendencias que marcarán la próxima década urbana
• Planificación predictiva. Las decisiones urbanas se apoyarán en datos, simulaciones y escenarios dinámicos.
• Rehabilitación energética masiva. La transformación del parque edificado será uno de los grandes mercados de futuro.
• Vivienda asequible e inteligente. No habrá ciudad competitiva sin soluciones habitacionales equilibradas.
• Gemelos digitales territoriales. Las ciudades y provincias simularán movilidad, clima, energía, vivienda, turismo y servicios antes de ejecutar inversiones.
• Distritos de innovación urbana. Los barrios serán laboratorios de energía, movilidad, datos, cuidados y economía local.
• Infraestructura verde y azul. Árboles, sombra, drenaje, agua y biodiversidad serán elementos centrales de valor urbano.
• Logística urbana inteligente. La última milla, los puertos, las plataformas logísticas y los corredores metropolitanos serán claves en la competitividad andaluza.
• Turismo equilibrado por datos. La gestión turística se basará en capacidad de carga, diversificación y protección de la vida urbana.
• Activos inmobiliarios conectados. Los edificios serán plataformas de servicios, energía, datos y bienestar.
• Gobernanza público-privada. La ciudad inteligente no la construirá solo la administración ni solo el mercado. La construirán alianzas.
Una oportunidad histórica para el sector inmobiliario andaluz
El sector inmobiliario tiene ante sí una oportunidad que va mucho más allá de construir metros cuadrados. Puede convertirse en protagonista de la transformación urbana de Andalucía.
Promotores, arquitectos, ingenierías, constructoras, consultoras, administraciones, fondos, cooperativas, operadores energéticos y tecnológicas deben empezar a hablar un lenguaje común. La ciudad futura no se diseñará desde compartimentos estancos. Necesitará proyectos integrales donde suelo, edificación, movilidad, energía, datos, servicios y comunidad se piensen juntos.
La gran innovación inmobiliaria no será únicamente vender viviendas más eficientes o edificios más conectados. Será participar en la creación de entornos urbanos más valiosos, resilientes y deseables.
Porque el verdadero producto inmobiliario del futuro no será el edificio. Será el ecosistema urbano en el que ese edificio se inserta.
Conclusión: el futuro no será de las ciudades más grandes, sino de las más inteligentes en sentido profundo
La próxima década decidirá qué territorios lideran y cuáles se limitan a adaptarse tarde. Andalucía tiene escala, talento, identidad, clima, universidades, empresas, ciudades, patrimonio, puertos, turismo, energía y posición geográfica.
Tiene todos los ingredientes para ser un referente internacional de ciudad mediterránea inteligente. Pero necesitará ambición. Y también método.
Necesitará pasar del proyecto piloto a la estrategia estructural. Del dato aislado al dato compartido. De la tecnología escaparate a la tecnología útil. Del urbanismo rígido al urbanismo adaptativo. De la sostenibilidad declarativa a la inversión medible. De la ciudad administrativa a la ciudad predictiva. De la smart city como etiqueta a la inteligencia territorial como cultura.
El mundo va a cambiar. Las ciudades también. La cuestión es si Andalucía quiere mirar ese cambio desde fuera o liderarlo desde dentro.
La oportunidad está servida: construir una Andalucía más habitable, más competitiva, más sostenible, más conectada y más humana. Una Andalucía donde la innovación no borre la identidad, sino que la proyecte hacia el futuro. Una Andalucía que no solo hable de smart cities, sino que demuestre cómo se construyen territorios inteligentes para vivir mejor.
Andalucía no parte de cero. Parte de una posición privilegiada para interpretar esta nueva ola desde su propia realidad: ciudades históricas, áreas metropolitanas en expansión, litoral turístico, puertos estratégicos, pueblos con identidad, universidades, talento tecnológico, energía renovable y una cultura urbana profundamente mediterránea. Si sabe combinar datos, planificación, inversión inmobiliaria, sostenibilidad y visión territorial, puede convertirse en uno de los grandes laboratorios europeos de inteligencia predictiva aplicada a la ciudad real.
Fdo: Francisco Morcillo (CEO de MB3) y Germán Torrado (CEO de VESS)
