Juan Hochberg Kogan: una vida dedicada a la palabra

“Lo esencial es invisible a los ojos”. Esta hermosa frase, extraída de ‘El Principito’, uno de los libros de cabecera de Juan Hochberg, encierra en gran medida la filosofía sobre la que se sostuvo la vida personal y profesional de quien fuera director de esta publicación hasta su fallecimiento, el pasado 1 de julio. Comprometido con cuanto le rodeaba, fiel a sus ideales hasta el último momento y notable emprendedor, ponía el corazón en todo cuanto hacía, pues sabía que sólo así podía llegar a comprender lo verdaderamente importante de las cosas; entendió que “no se ve bien sino con el corazón”, y predicó con su ejemplo.

Juan Hochberg Kogan
Juan Hochberg Kogan

 

 

* Un agradecimiento muy especial a Silvia Loustau y a Marisin Isabel Dixon, quienes desde Argentina y Maryland (Estados Unidos), respectivamente, han hecho posible la confección de este artículo.

 

El pasado 25 de julio, Juan Hochberg Kogan hubiera cumplido 71 años. Nació en Rosario, una ciudad localizada en el centro-este de Argentina, en la provincia de Santa Fe, aunque muy pronto se marchó a vivir a La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires, ubicada a 56 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Tras el fallecimiento de su padre, un reputado ingeniero, cuando contaba sólo cinco años de edad, su educación quedó en manos de los abuenos maternos.

Estudió Historia en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) -fue también durante tres años estudiante de Derecho, obteniendo excelentes calificaciones-. Ya en sus tiempos estudiantiles, empezó a dar muestras de su compromiso político, que compartió con su pasión por la escritura y la lectura, además de por el cine, especialmente el cine francés de autor, tan revolucionario y creativo. Por aquel entonces, su gusto por la poesía le llevó a formar parte de un grupo de jóvenes poetas que se hicieron llamar Los Poetas del Arroz, en honor a Mao, con el cual organizaban unas originales exposiciones en los halls de los cines, especialmente en los ciclos de cine-arte. En grandes cartones forrados, Juan, con su cuidada letra, escribía los poemas que posteriormente se exhibían para disfrute de los ciudadanos. Entre sus autores de la época más admirados destacan Julio Cortázar y Gabriel García Márquez.

Formaba también parte de ese grupo la escritora argentina Silvia Loustau, una de las personas más cercanas y mejor conocedora de Juan por aquellas fechas. Recuerda con nostalgia la poetisa uno de los momentos imborrables que compartieron. “Juan estaba haciendo un invento de carne con uvas –le gustaba cocinar- cuando dieron la infausta noticia de la muerte del Ché. Sentí el caer de un cucharón y Juan rompiendo en llanto. Nos abrazamos repitiendo: lo mataron, lo mataron”. Corría el 9 de octubre de 1967. Tenía 25 años. Además de la poesía, le gustaba mucho el fútbol -fue siempre ‘hincha’ del Estudiantes de La Plata- y le entusiasmaba viajar, conocer mundo mochila al hombro. Entre sus sueños no cumplidos se quedó por hacer, precisamente, la conocida como ‘Ruta del Che’.

En adelante, Juan no abandonó nunca sus reuniones políticas. En 1974, la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), un grupo de ultraderecha que actuó con los militares en la terrible represión sufrida en la década de los 70, asesinó a dos de sus compañeros de reuniones, dos nombres de una lista en la que también estaba Juan Hochberg. Por entonces, Juan ya se había licenciado hacía un tiempo con un brillante expediente e impartía clases en la Escuela de Bellas Artes y en el Colegio Nacional. Sin embargo, el temor por su vida, que corría auténtico peligro, le llevó a salir clandestinamente de La Plata. Ya en sus últimos años se propuso, junto a Silvia Loustau, escribir un libro de aquellos tiempos de militancia. Otros sueño truncado.

 

  La etapa panameña

 

Tras salir de La Plata se refugia en Panamá, donde vivió hasta que se afincó en Sevilla en 1985 y donde trabó una intensa amistad con la experta en Ciencias Sociales Marisin Isabel Dixon, quien ha recordado para esta revista numerosos detalles de la vida de Juan en su etapa panameña. En el país centroamericano, donde impartió numerosas disciplinas, le recuerdan como un excelente docente. En sus inicios, trabajó como profesor a tiempo parcial en la Universidad Santa María La Antigua (USMA), donde el por entonces rector de dicha institución, Monseñor Carlos María Ariz, le contrató para dar clases de sociología rural, entre otras materias. Posteriormente impartió Relaciones Internacionales en la Escuela de Relaciones Internacionales, y Diplomacia en la Universidad Nacional de Panamá. Entre sus conocimientos destacan aquellos relacionados con el problema de Oriente Medio, del cual era un experto.

Trabajó asimismo en el Instituto Nacional de Cultura (INAC), en la edición de la Revista Nacional de Cultura, así como en otras muchas publicaciones y libros de intelectuales, poetas y novelistas panameños, autores todos ellos de los que Juan se consideraba amigo. Ponía un especial empeño en asegurarse de que se imprimiesen suficientes ejemplares de todos los libros y revistas culturales que editaba.

También en Panamá ejerció como periodista en varios medios de comunicación. Durante muchos años, publicó cada domingo la página cultural ‘La Última’, con ilustraciones de Ricardo Ledezma Bradley (hoy en día especialista en comunicación estratégica y diseño gráfico), en un diario local panameño. Sus críticas de libros, teatro, escultura, poesía, obras de arte o música panameña acompañaban los gallinazos o nonecas (aves) dibujadas por Ledezma Bradley. Eran tiempos aquellos en los que las páginas se confeccionaban sin  ordenador y cuya ardua tarea obligaba a Juan, como a muchos otros periodistas, a trabajar en su montaje hasta altas horas de la madrugada.

Como periodista, colaboró también en el periódico semanal Bayano, una publicación popular de trabajadores donde compartió tarea con los también periodistas panameños Florencio Muñoz Bermúdez y Efraín Reyes Medina, durante los primeros años de la década de 1980. Al propio tiempo, trabajó como editor de La Gaceta Financiera, un semanario que se publicaba los martes como separata del diario La Prensa, junto a los economistas Roberto Brenes y Ángela Mendoza, y el periodista José Hilario Gómez.

Fue el director de Campaña del profesor Luis Navas por la provincia de Colón, asegurándole el triunfo como Legislador de la Asamblea de Diputados de Panamá en los años 80. Juan creó los posters, la música, etc., y acompañó a Luis Navas en las giras de campaña realizadas en Colón, al tiempo que elaboraba toda su propaganda política.

Juan Hochberg fue considerado un intelectual panameño, peronista y torrijista, si bien también tuvo amigos en otras muchas organizaciones políticas de otras orientaciones en Panamá y el resto de Latinoamérica. También los tuvo en muchas agrupaciones culturales, de arte y de sociología, como el Grupo Experimental de Cine Universitario (GECU), el Canal 11 de televisión educativa de la Universidad de Panamá, el Centro de Estudios y Acción Social (CEASPA), el Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA) y otros relacionados con el teatro, el cine o las artes. Se distinguió también por su cercanía a los problemas de los afro-panameños, para quienes apoyó diversas actividades editoriales y de otra índole como lo fue el Segundo Congreso de Cultura Negra de las Américas, donde trabajó codo con codo con uno de sus mejores amigos, el profesor Gerardo Maloney F., un pionero del movimiento afro-antillano en Panamá. Destacaron asimismo sus escritos de apoyo a la recuperación del Canal de Panamá, que se logró con la firma de los tratados Torrijos-Carter, en 1977.

Fue colaborador de la extinta oficina de Proesa que realizó en la década de los 80 proyectos en Coclesito, Ciudad Romero y otras comunidades del Atlántico Panameño, donde atesoró numerosos amigos. Ocupó asimismo el cargo de director de la Oficina Regional para América Latina del Movimiento Internacional de Jóvenes Estudiantes (ISMUN/LARO) y de la Asociación Panameña del ISMUN (APANU). También en los 80 gestionó con el ACNUR, en su oficina de Costa Rica, la realización a través de APANU de proyectos de talleres de autosuficiencia con refugiados centroamericanos en Ciudad de Panamá y localidades vecinas. Para la misma organización llevó a cabo a mediados de la década una importante misión de observación en Gaza (por entonces bajo control de Israel) sobre las condiciones de los jóvenes y estudiantes en aquel territorio, de cuyo viaje presentó un informe ante las Naciones Unidas en Ginebra. En aquellos tiempos emprendió otras misiones a destinos como Líbano, Argelia, Irak, Rumanía, Yugoslavia, Italia, Dinamarca o Finlandia. Su último viaje fue precisamente a Líbano, en 1988, cuando llevaba ya algunos años viviendo en España.

Se distinguió por su apoyo como periodista a los movimientos sociales que se fraguaban en El Salvador y Nicaragua en la década de los 70 y los 80, siempre en el marco de los esfuerzos diplomáticos que por enconces realizaba Panamá, descritos en el Grupo de Contadora hasta mediados de los 80, lo que le mereció una distinción del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, a través de su oficina de Relaciones Internacionales en la República de El Salvador. Tras su fallecimiento, le dedicaron una esquela que decía: “La Secretaría de Relaciones Internacionales del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador lamenta profundamente el sensible fallecimiento de Juan A. Hochberg Kogan, argentino-panameño solidario con el proceso de liberación del pueblo salvadoreño durante la época del conflicto armado. Impulsor de proyectos de desarrollo social y humano en las comunidades del Bajo Lempa, especialmente en Ciudad Romero. Hacemos extensiva nuestra solidaridad y condolencias a su apesarada familia, amigos, amigas y a la comunidad. San Salvador, julio de 2013”.

Recuerdan sus amigos de este periodo cómo le gustaba tocar la guitarra –también tocaba el piano- y cuánto le complacía acudir los fines de semana a las playas panameñas junto a su amado perro Tango, un Cocker spaniel que le acompañó durante 17 años. Rememora Marisin Dixon su última visita a Panamá en 2006, una visita en la que se despidió de la tierra que tanto quiso y durante la cual viajó a numerosos lugares de Ciudad de Panamá y del interior del país, incluidos Portobelo e Isla Grande. Tras su muerte, le rememoran en el país como un “peronista y torrijista con muchos amigos en Argentina, Costa Rica, México, España, Ginebra, Panamá, Centroamérica y el Mundo entero”.

 

En España desde 1985

 

Al llegar a España en 1985, Juan Hochberg se afinca en Sevilla, donde progresa como el gran periodista y excelente comunicador que siempre fue. Hasta su fallecimiento, mantuvo en activo su propia empresa de comunicación, JHK Asociados, donde él mismo se definía como consultor/asesor sénior de estrategias de comunicación e imagen organizacional, gestor integral de relaciones con los medios informativos, planificador para la implantación de actividades de responsabilidad social corporativa, y diseñador de estudios sociológicos. A través de JHK asesoró en sus primeros años a compañías y entidades de gran relevancia como el World Trade Center Sevilla, Comercializadora de Productos Andaluces (CdeA), Somersen, Schlinder, Rusvel o Inerco, entre otras. Posteriormente incorporaría nuevas firmas a su cartera de clientes, entre las que destacó la constructora Martín Casillas, quien le confió su comunicación empresarial hasta la recta final de su vida. También en los inicios trabajó para la Agencia EFE.

Los años de la Exposición Universal de Sevilla de 1992, así como los inmediatamente anteriores y posteriores, se cuentan entre los más fructíferos de su trayectoria profesional, Fue en 1990 cuando conoció a la editora de Andalucía Inmobiliaria, Rosa Hafner, quien dos años más tarde inicia su etapa como directora comercial de la revista Andalucía Económica. Por las mismas fechas, Juan empieza también a colaborar con esta publicación a través de artículos de la más diversa temática: tecnología, energía, alimentación, turismo, empresa y un largo etcétera. Fue entonces cuando ambos iniciarían un largo camino de mutuo conocimiento y profunda amistad, que culminó con la estrecha relación entablada a raíz de la creación, en septiembre de 1999, de Andalucía Inmobiliaria.

Como editora de Ai, Rosa Hafner tuvo claro desde el principio el perfil de persona que quería para dirigir su revista: alguien serio, profesional, con la experiencia y los conocimientos necesarios para llevar a buen puerto el difícil proyecto de sacar al mercado una publicación especializada en los sectores construcción, inmobiliario y afines. Juntos lo hicieron realidad. Al frente de este ‘barco’, Juan entrevistó a las personalidades de mayor relevancia del mundo empresarial, político y profesional de España y Andalucía. Escribió reportajes en profundidad comprometidos y de gran calidad, algunos de los cuales recibieron el reconocimiento de distintas organizaciones.

Tampoco en Sevilla dejó atrás su faceta académica, impartiendo durante muchos años cursos en la Confederación de Empresarios de Andalucía, especialmente de comunicación empresarial, al tiempo que desarrolló también cursos de esta materia para distintas empresas privadas, como Gabinete Andaluz de Estudios y Actividades.

En Andalucía hizo muchos y muy buenos amigos, todos los cuales le recuerdan como un gran profesional y una persona maravillosa, defensor del diálogo como mejor fórmula para alcanzar el entendimiento entre personas y colectivos. Así se le recordará siempre.

Valga para despedirlo desde estas líneas una pequeña estrofa del poema ‘Táctica y estrategia’ del escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, otro de los autores favoritos de Juan Hochberg:

 

“Mi táctica es

hablarte

y escucharte

construir con palabras

un puente indestructible”

 

Compañero, amigo, donde quiera que estés, gracias. Ai

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *