CHAVSA desarrolla un innovador sistema para la adaptación integral de oficinas y espacios de trabajo a la nueva realidad laboral post Covid-19

La compañía Chavsa, con sede central en Sevilla y dirigida por Simón Chávarri, ha volcado sus más de 35 años de experiencia en la creación de un sistema para adaptar de forma integral oficinas y espacios de trabajo a las necesidades del Covid-19. Dicho sistema, que la empresa ya está desarrollando para diversos clientes públicos y privados, implica un asesoramiento global que incluye no sólo la adaptación de los centros de trabajo a las nuevas exigencias de seguridad e higiene, sino también la creación de una cultura de oficina saludable, basada en la formación y la información, y recomendaciones de regulación para el teletrabajo y el trabajo en oficinas. El objetivo final es crear entornos de confianza, seguros y funcionales, en un contexto en que la seguridad y la salud se han convertido, en la fase de la nueva normalidad, en dos de los principales valores para hacer de la oficina un espacio atractivo.

Según Ana Belén Crisóstomo, responsable del Departamento de Proyectos de Grupo Chavsa, a pesar de la tendencia generalizada hacia fórmulas de teletrabajo debido al confinamiento impuesto por el Covid-19, la actividad presencial en oficinas seguirá manteniéndose, ya que “el trabajo colaborativo y en equipo mejora la productividad y las ideas, y esto se hace mejor en la oficina que por teletrabajo”. La clave será, según Crisóstomo, introducir más flexibilidad y criterios de seguridad en el puesto de trabajo, lo que implica la remodelación de los espacios y la asimilación de protocolos de higiene y seguridad para mantener las garantías sanitarias.

En la relación de intangibles para la captación y retención del talento, los espacios de trabajo atractivos y bien equipados constituyen uno de los elementos más valorados. “Para atraer el talento -explica Ana Belén Crisóstomo-, hay que ofrecer espacios atractivos que generen comunicación, sean funcionales y hagan más felices a los trabajadores, y por lo tanto más productivos. Lo que va a cambiar es cómo verá el talento un espacio atractivo”.

Por lo que respecta a la creación de una cultura de oficina saludable, esta nueva cultura pasa, en primer lugar, por formar a los empleados en los factores de riesgo del Covid-19 y en cómo protegerse. En segundo lugar, es necesario crear rutinas de higiene y pautas de desinfección, que deben correr a cargo de empresas especializadas. Todos los espacios deben contar con la debida rotulación y señalética informativa, con reglas de funcionamiento visibles en las zonas comunes de las empresas. Asimismo, se deben articular medidas para minimizar el contacto entre trabajadores, y articular protocolos de control continuo de la salud, promoviendo el uso de EPIs y creando puntos de reciclaje de mascarillas y guantes. Por último, las empresas deben contar con planes de emergencia para el supuesto de que fuera necesario cerrar la oficina.

La adaptación propiamente dicha del centro de trabajo se fundamenta en una serie de consideraciones previas que afectan al diseño. En primer lugar, el hecho de que toda la reestructuración del espacio se ve influida por la exigencia del mantenimiento de la distancia mínima de seguridad interpersonal. Asimismo, los flujos de circulación de los trabajadores se convierten en imprescindibles. Preservar la sensación subjetiva de seguridad también es indispensable para mantener el confort de los espacios.

Más allá de estas consideraciones, la intervención sobre las oficinas para su adaptación a las exigencias del Covid-19 tiene implicaciones sobre la calidad del aire, la redistribución de los puestos, las proporciones de los espacios de trabajo e incluso el tipo de materiales.

Así, una de las primeras medidas a acometer tiene que ver con la mejora de la calidad del aire. Esto supone implementar, dentro de lo posible, un mayor número de renovaciones de aire, uso de filtros de alta eficiencia y, en algunos casos, un aumento de la potencia de la maquinaria para compensar una mayor entrada de aire exterior.

La redistribución de los puestos de trabajo tiene en cuenta las distancias de seguridad y los recorridos para evitar contactos. En las zonas comunes, es importante regular normas para el uso de ascensores y escaleras, así como marcas en suelo que permitan fijar recorridos predeterminados que eviten el cruce de personas.

En cuanto al redimensionamiento de los espacios, la nueva realidad exige un mayor número de espacios privados cerrados para el trabajo individual, y las zonas para videoconferencias y transmisiones online ganan protagonismo. Las propias salas de reuniones han de rediseñarse, lo que en muchos casos implica ampliaciones que permitan el mantenimiento de las adecuadas distancias de seguridad. El principal criterio para la ocupación de este tipo de espacios será el aforo máximo permitido, que permita la celebración de reuniones sin poner en riesgo la salud de los usuarios.

Por lo que respecta a los materiales, la adaptación a las circunstancias del Covid-19 hace que cobren protagonismo determinados materiales que registran una menor persistencia del virus y que permiten una limpieza fácil, materiales poco porosos y que resistan el contacto con agentes agresivos utilizados para limpieza y desinfección. Las mamparas de separación entre zonas y puestos de trabajo representan el tipo de artículo de seguridad más característico.

Otro gran ámbito de intervención tiene que ver con el control y la dotación de medidas de seguridad específica para empleados. Así, el control de temperatura mediante cámaras termográficas es una de las líneas más frecuentes, así como la habilitación de dispensadores de geles desinfectantes en lugares estratégicos. Como criterio general, se busca reducir el número de puntos comunes de contacto, automatizando mecanismos y suministros como las puertas, los grifos, los secamanos, etc.

Aunque en los últimos meses, el teletrabajo ha ganado prestigio como fórmula de flexibilización del desempeño ante circunstancias extraordinarias, objetivamente cuenta con evidentes inconvenientes: “Podemos sacar algunas conclusiones según nuestra propia experiencia y la de las empresas con las que trabajamos, en las cuales se está aplicando el teletrabajo al 100%, y es que la bajada de productividad es notable en algunos puestos, la colaboración entre trabajadores es más difícil, se pierde la componente emocional que tanto valoramos en nuestros proyectos, las herramientas son más ineficientes, y los lugares de trabajo más incómodos”, sostiene Ana Belén Crisóstomo.

“El teletrabajo ha llegado para quedarse, eso está claro y debemos llegar a un equilibrio combinando teletrabajo con trabajo presencial, quedándonos con lo positivo de cada forma de trabajo. Eso pasa por un cambio de mentalidad en la que el presentismo ya no es importante y trabajamos por objetivos. Creo que en esta mezcla está el éxito y que nos puede dar mayores dosis de felicidad y bienestar y por lo tanto, un aumento de productividad, además de ser un punto a favor para la conciliación”, explica Ana Belén Crisóstomo. “Ahora bien, con la crisis económica que se avecina, los directores financieros pueden ver una salida para un importante ahorro de costes que, junto con las cancelaciones de los viajes de negocios, pueden ayudar a la cuenta de resultados”. Pero esto no es óbice para que los espacios de trabajo sigan existiendo y teniendo un futuro. Algo sí está claro: se impone una nueva forma de trabajo, en la que la flexibilidad será la consigna.