El mercado inmobiliario: ¿es posible controlar la incertidumbre?
Jaime de Aspe
Director comercial de la División Inmobiliaria de Insersa
Las perspectivas que asolan el mercado inmobiliario no son para nada halagüeñas. A las ya sobradamente conocidas como la escasez de mano de obra cualificada, la preocupante falta de suelo finalista, las dificultades y altos requisitos para conseguir financiación, los cumplimientos normativos por la ley de consumo o el exceso de burocracia existente para el desarrollo de nuestra actividad, se incorpora el aumento en los costes de las materias primas, ocasionados principalmente por el incremento del coste de la energía, y las dificultades en el canal de distribución. En definitiva, los niveles de incertidumbre provocados por los factores anteriormente mencionados, no hacen sino incrementar los niveles de pánico y preocupación por el futuro de nuestra actividad, imposibilitando el cumplimiento de los compromisos pactados, enturbiando las relaciones entre todas las partes y en muchos casos haciendo inviables los proyectos.
Ahora bien, una vez que somos conscientes de las dificultades del entorno, llega el momento de los valientes, la toma de decisiones. El control de todos los procesos se hace fundamental para minimizar en la medida de lo posible las consecuencias derivadas de este ciclón.
En un mundo globalizado como es el actual, nuestra actividad depende de muchísimos factores que no podemos controlar y que al mismo tiempo hacen que no se pueda trabajar con los niveles de certidumbre necesarios para garantizar el éxito de nuestro modelo, pero debemos de ser capaces de aunar esfuerzos para mejorar aquello que sí podemos controlar.
Desde hace ya varios años, el talón de Aquiles del mercado inmobiliario ha sido, entre otros, la baja disponibilidad de suelo finalista, base sobre la que se sustenta nuestra actividad. Cada vez se hace más complicado encontrar y elegir aquellos que cumplan con los requerimientos en materia urbanística, precio, tamaño y demanda que permitan cubrir las necesidades exigidas. No hay que caer en la tentación de comprar a un precio desproporcionado o en lugares donde no exista una demanda real por el mero hecho de continuar con la actividad. Debemos tratar de no precipitarnos en nuestras decisiones y tratar de abordar el problema junto con las administraciones para activar los mecanismos necesarios para desarrollar acuerdos público – privados que permitan hacer frente a las necesidades actuales del mercado.
En nuestra actividad participan numerosos actores de relevancia. Necesitamos proyectos más sólidos y más trabajados, adaptados a las necesidades actuales de nuestros clientes y la localización de los suelos. Los proyectos no solo deben cumplir con las exigencias estéticas, eficientes o de sostenibilidad, también con los compromisos económicos y contractuales temporales que permitan la viabilidad del mismo. Debemos de tratar con mayor rigurosidad estos aspectos ya que estos fallos, generalmente se traducen en incremento de costes de construcción y aumento en los tiempos de análisis y ejecución. Con el fin de controlar y limitar estas situaciones se hace totalmente necesaria una mayor implicación de los profesionales que participan en la redacción de los proyectos, aprovechando toda la experiencia y conocimiento que garanticen y certifiquen el buen desarrollo del mismo.
Otro aspecto de relevancia en el desarrollo promotor es la elección de la empresa constructora. Teniendo en cuenta que esta empresa será la encargada de ejecutar el proyecto diseñado en tiempo y forma por el equipo de arquitectos y colaboradores, además de interlocutores con la dirección del proyecto y obra, se hace totalmente necesaria su implicación o al menos su recomendación en el diseño y desarrollo del proyecto. Debemos de abandonar el modelo de licitación clásico y movernos a modelos más versátiles que simplifiquen la operativa, garanticen la viabilidad del proyecto en términos de calidad, económicos y temporales y por supuesto, generen confianza y seguridad a nuestro necesario compañero de viaje. Un modelo colaborativo de éxito implica que necesariamente ambos deben ganar.
¿Cómo podemos abordar la falta de mano de obra cualificada en el sector de la construcción? La anterior crisis provocó una huida masiva de muchos profesionales hacia otros sectores de actividad y cuando el sector volvió a reactivarse, simplemente, no volvieron. El mercado inmobiliario siempre ha tenido el calificativo de “cíclico” y es precisamente ahí donde tenemos que focalizar todos los esfuerzos. Debemos de entender por qué y desarrollar planes estratégicos que permitan hacer más atractiva y duradera esta actividad y al mismo tiempo empezar a dar pasos en este sentido, desarrollando talleres para la formación de nuestros jóvenes en los oficios que se antojen más necesarios con el fin de poder garantizar un desarrollo más continuado y sostenible de la actividad.
Para finalizar, nos gustaría dar un mensaje de tranquilidad y positivismo. Estamos completamente seguros que en los próximos meses se regularizará la situación de incertidumbre que nos rodea, siempre y cuando las condiciones actuales de pandemia nos den un respiro.
Un modelo colaborativo, en el que exista implicación directa de todos las partes, seguramente ayudará a la consecución de los objetivos planteados, disminuirá los niveles de incertidumbre y beneficiará a todas las partes.
