Nos costará superarlo, pero lo conseguiremos

La historia de España está llena de ejemplos de coraje, valentía y heroicidad ante situaciones adversas y bajo el liderazgo de gobiernos incapaces que no estuvieron a la altura del sacrificio de los españoles.
Desde los campos de batalla de Flandes, en los que los tercios españoles suspendían sus justas reclamaciones salariales para entrar en batalla, hasta la cruel guerra de la independencia en la que España se desangró luchando contra los invasores y con el anhelo del retorno de su rey, Fernando VII, que acabó traicionando todas las esperanzas y los sacrificios hechos por su pueblo.
Parecía que aquellos tiempos habían quedado definitivamente atrás cuando España ha tenido que afrontar uno de sus mayores retos en los últimos cien años, la crisis del coronavirus y la crisis económica en la que nos adentramos.
Sin embargo, de nuevo los españoles hemos dado un ejemplo de extraordinaria responsabilidad durante el confinamiento mientras hemos asistido atónitos a la deriva y a la incompetencia de quienes tenían la responsabilidad de haber tomado medidas a tiempo.
De cualquier dirigente se espera que tenga la capacidad para adoptar decisiones rápidas y acertadas, a ser posible, para afrontar problemas de gravedad. Adicionalmente, se le exige transparencia en su gestión y la asunción de responsabilidades cuando se equivoca.
Respecto a dichas responsabilidades, hay un aspecto clave que se enseñaba antiguamente en la escuela, en el Ejército y en el ámbito familiar: si las personas que dependen de ti cometen errores, esos también serán tus errores como jefe. Jamás asignes tus propios errores a quienes diriges.
En las circunstancias que hemos vivido en los últimos meses hemos asistido a un permanente escándalo de inacción, de omisión de responsabilidades y de falta de transparencia que han afectado gravemente a la vida y a la economía de los españoles.
Mientras la gran mayoría de los ciudadanos ha realizado un esfuerzo inimaginable de contención y confinamiento, junto con una oleada de solidaridad con sus vecinos y con nuestros sanitarios, hemos recibido del Gobierno mensajes contradictorios, cuando no faltos de sinceridad, la ocultación del dolor de quienes han perdido a un familiar e incluso el falseamiento del número de fallecidos.
La gestión de la crisis sanitaria más terrible de los últimos cien años se ha aprovechado para completar la agenda ideológica y la extensión del control de diversos órganos de poder. Todo ello mientras España se sumía en el estupor y el temor por el futuro.
Merecemos más, mucho más de nuestros gobernantes.
Somos un gran país y como en el pasado somos capaces de unirnos ante un enemigo común, a pesar de quienes nos gobiernan.
Nos adentramos en un periodo incierto en el que empresas, empresarios y trabajadores sufrirán los efectos de una crisis económica global agudizada en nuestro caso por una gestión electoralista de esta pandemia.
Nos costará superarlo, pero lo conseguiremos.

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