Un nuevo modelo productivo de la mano de los profesionales

La ciudad no es el problema, es la solución

José Antonio Granero

Decano del Colegio de Arquitectos de Madrid

 

De igual modo que un cohete tras su despegue, los primeros años del siglo XXI han sido de un cierto caos, con una extraordinaria crisis tras una explosión de actividad frenética. Pues bien, solo una vez que el cohete se desprende de los motores que impulsan su inicio, es cuando en verdad tiene capacidad de maniobra en cuanto a dirección y orientación.

José Antonio Granero
José Antonio Granero

Tengo la percepción de que ahora sí entramos de verdad en el nuevo siglo, y es necesario definir la dirección, la orientación adonde nos dirigimos y de qué modo vamos a hacerlo. Una nueva realidad que afecta a todos los órdenes de la vida social, política y económica.

Si nos fijamos en España, en los últimos 30 años, los índices de calidad de vida han mejorado en nuestras ciudades, y han disminuido los indicadores de pobreza. Se ha actuado de forma positiva en la calidad en infraestructuras, servicios y equipamientos, sin embargo estamos generando una creciente desigualdad.

El sector inmobiliario y de la construcción ha sido el más castigado por una crisis que ha venido a revelar gran parte de las deficiencias de las que nuestro modelo adolecía. El país se concentró en desarrollar y se olvidó en muchos casos de la calidad de lo que desarrollaba, de optimizar recursos, del medio ambiente y de los ciudadanos.

 Una nueva forma de hacer ciudad

Ha sido el agotamiento de unas formas de hacer y generar ciudad que fueron válidas durante décadas pero que, en la actualidad, se encuentran caducas. Ahora es momento de reflexionar e intentar mejorar tanto la ciudad realizada como nuestras futuras prácticas.

En estos momentos, cuando más necesaria es la confianza, ha crecido una sensación de malestar ante administraciones ineficaces, junto con una percepción de engaño y falta de ética en todos los ámbitos de la vida nacional.

Los políticos han ocupado todas las esferas de la vida pública, y aunque son quienes tienen la responsabilidad de las decisiones, faltan canales de participación de los ciudadanos, de la sociedad civil y especialmente de quienes pueden y deben aportar criterio, quienes están cualificados porque tienen el conocimiento y la capacidad técnica: los profesionales, que desde el ejercicio libre, en la empresa y la industria, o en las administraciones, aportan tres valores fundamentales, el conocimiento, la independencia y la responsabilidad.

Desde la antigüedad clásica el término latino “autoritas” no se refiere al ordeno y mando, sino a la autoridad que otorga el conocimiento. Y a éste han estado ligados los momentos cumbres de la historia de la humanidad.

En alguna ocasión me he referido a que el verdadero cambio climático, que estamos padeciendo ya, es el de la desertización del conocimiento sistemático. Su banalización bajo el pretexto de un igualitarismo mal entendido, en que todo el mundo opina y sabe de todo.

La actividad económica y el empleo son hoy objetivos fundamentales, son sin duda el medio para lo verdaderamente importante, a lo que un gobierno debe enfocarse, a la calidad de vida de las personas. Crear una sociedad más justa y ciudadanos más felices y sanos.

Hace falta una visión elevada, de estado, y sobra presencia de una clase política mediatizada por intereses cortoplacistas de partido. Hace falta criterio profesional, que permita adaptarnos con seguridad y responsabilidad a la complejidad de una realidad cambiante, y definir con claridad objetivos comunes. Para ello es necesaria una sociedad civil fuerte y organizada, y una estructura de profesionales que aporte rigor e independencia en la toma de decisiones.

Los tiempos son radicalmente nuevos. Términos como transparencia, ética, profesionalidad, rigor, conocimiento, compromiso o responsabilidad, empiezan a tener un sentido profundo. España debe ser un país ejemplar en el mundo, sobre todo porque geográfica y culturalmente somos una mano abierta en Europa hacia África y América. Tenemos sin duda la posición geográfica ideal dentro del mundo occidental, ante los continentes a los que está ligado nuestro futuro y el de la vieja Europa.

Y ante todo esto, oímos reiteradamente que España necesita un nuevo modelo productivo y, por supuesto, este no debía tener nada que ver con la construcción y el sector inmobiliario.

 El modelo productivo del futuro

Tras mucha reflexión, participación en numerosos foros nacionales e internacionales, en instituciones culturales y profesionales, empresas e industrias, gobiernos y ONG´s, me atrevo a proponer un nuevo modelo productivo que genere riqueza y bienestar, actividad económica y empleo, y se enfoque a la calidad de vida. Un modelo que:

  • Rehabilite nuestras ciudades, y ponga en valor nuestro patrimonio cultural y artístico.
  • Con responsabilidad en relación al medio ambiente.
  • Permita una reducción de consumos, de emisiones y de residuos.

Y todo eso tiene que ver fundamentalmente con nuestras ciudades. Aspectos como la calidad del espacio público y la vivienda, los nuevos usos y demandas ciudadanas, la regeneración de áreas degradadas, las dotaciones, equipamientos y servicios urbanos, la energía y la movilidad, son los temas que ocupan nuestra actividad profesional, que es economía, cultura, desarrollo y bienestar.

Esto, ligado a los valores que todos compartimos, se resume en un término que, por manido, ha perdido su sentido, es la sostenibilidad que ha de producirse de modo conjunto en sus tres vertientes, social, medioambiental y económica, para de verdad ser sostenible.

Hoy en España, en un mundo de ciudades, el nuevo modelo productivo puede y debe ser el SECTOR INMOBILIARIO Y LA INDUSTRIA DE LA CONSTRUCCIÓN, pero renovado:

  • Protagonizado por PROFESIONALES, desde el conocimiento y el I+D.
  • Vinculado a la INNOVACIÓN, como creatividad aplicada.
  • Que genera EMPLEO extensivo en un tejido de PYMES por todo el territorio nacional, Y ACTIVIDAD ECONÓMICA ligado a la calidad de vida.

Porque es preciso recordar que la vivienda es el sueño, la utopía de una familia, y que la ciudad, la actividad urbana, no es el problema, sino la solución.

Pero tras la burbuja financiera, es difícil recuperar estas consideraciones. Es cierto que en años de bonanza se construyó por encima de las necesidades reales, pero también lo es que este sector es el que puede liderar la recuperación económica. Durante este periodo se ha volcado en el mercado internacional, pues en muchos países emergentes hay una necesidad real de construcción de enormes cantidades de viviendas y equipamientos, y en España, si algo hemos demostrado, es que hemos sido capaces de hacerlo.

Debemos hacer examen de conciencia, y sobre todo propósito de enmienda. Hemos vivido en un engaño colectivo, donde nada costaba lo que se decía y se mantenían contratos absurdos en precios que los profesionales anunciábamos imposibles, que se inflaban en el proceso de la obra, tanto en edificación como en obra civil.

El negocio no procedía de hacer lo que estaba previsto en el precio y el tiempo previsto y con un beneficio tasado, sino en obtener adjudicaciones a bajo coste, y después modificar todo, con nuevas partidas y precios, de modo que al final la responsabilidad era del autor del proyecto.

Nadie quería oírlo, con un negocio en manos de pocos y muy fuertes, donde los profesionales que aportaban el conocimiento y la responsabilidad, eran ninguneados con unas condiciones impresentables del mercado de servicios profesionales en sus contratos y honorarios. Si uno paga la mitad por un servicio, lo más normal es que obtenga un 50% del servicio. Y a partir de ahí todo es un perfecto disparate.

Equipos multidisciplinares

Los arquitectos e ingenieros compartimos tareas en equipos multidisciplinares con arqueólogos, geólogos, biólogos, sociólogos, psicólogos, geógrafos, economistas y periodistas, licenciados en arte y paisajistas, en definitiva consultores y especialistas de muchos campos.

Se trata de servicios profesionales de alto valor añadido, de forma independiente o en la empresa y la industria, que han sufrido un deterioro profundo, del que no va a ser fácil recuperarse. Es el resultado de prácticas abusivas, que han hecho del mercado el verdadero regulador de nuestra sociedad sin control alguno.

Sin embargo en muchas empresas los mejores profesionales técnicos, pasan rápidamente a las labores de gestión y comerciales, donde de verdad se paga bien, porque el técnico en España no está bien considerado. De ahí que siempre tengamos juniors a bajo precio, para poder hacer esas ofertas de servicios ridículas.

Si aprendiéramos de nuestro entorno, en Alemania, Francia o Reino Unido, la empresa y las administraciones cuidan a sus técnicos, quieren que sean los mejores, estén bien formados y puedan aportar el verdadero valor que hoy Europa necesita, detectar problemas y oportunidades, porque la producción, a bajo coste, estará en países en vías de desarrollo donde la calidad de vida no entra en la ecuación. Eso lo han interiorizado muy bien las empresas de tecnología, las TICS, y nuestros sectores inmobiliario y de construcción deben tomar nota.

Como decía Churchill en una famosa cita, “Nosotros hacemos las ciudades y ellas después nos hacen a nosotros”. Nuestras ciudades, nuestra arquitectura, crean ambientes que conforman conductas, en el ámbito privado y en el espacio público.

En España el urbanismo cuenta con grandes profesionales, pero la práctica del mismo se encuadra dentro de un marco de referencia muy específico, común de los países del Mediterráneo, excesivamente focalizado en la perspectiva del derecho urbanístico.

Se trata de un modelo que difiere mucho de los modelos centroeuropeos o anglosajones, mucho más proclives a la participación, con expectativas en el verdadero interés social, con mayor protagonismo de quienes aportan valor en su desarrollo y sin tanta focalización en los intereses de la propiedad del suelo.

El sector inmobiliario y de la construcción ha sido el más castigado por la crisis, y esta coyuntura responde al agotamiento de unas formas de hacer y generar ciudad que fueron válidas durante décadas pero que, en la actualidad, se encuentran caducas.

Un entendimiento excesivamente focalizado en la perspectiva del derecho urbanístico, con un exceso de regulación, que no responde a un modelo de desarrollo urbano de calidad ni a las nuevas demandas de la sociedad, y además encarece de forma innecesaria los desarrollos por la extraordinaria dilatación de los tiempos, y la imposibilidad de contar con previsiones viables.

Medidas para un desarrollo equilibrado

Es imprescindible una política urbanística coherente con una estrategia de objetivos comunes, en la utilización y protección de los recursos naturales, centrada en la regeneración urbana y la rehabilitación del patrimonio como fuente de identidad, que permita un desarrollo equilibrado de la cultura urbana, rural y natural, con una visión de futuro que no atienda solo al mercado y el valor económico del suelo. Un urbanismo desde la planificación territorial y el diseño urbano de calidad.

Esas políticas deben ir acompañadas de un nuevo marco jurídico y fiscal, que articule medidas que hagan fluir y agilicen los mecanismos de financiación para la compra-venta, el alquiler o la inversión en rehabilitación de los propietarios.

Son estas medidas las que posibilitarán que en medio plazo el sector inmobiliario y la industria de la construcción se adecúe a la demanda de un nuevo modelo, un nuevo régimen económico y revise las políticas fiscales que permitan generar de nuevo actividad a través de la empresa y la industria, en un tejido extendido en todo el territorio nacional a través de PYMES y profesionales.

En definitiva este nuevo modelo productivo vinculado al desarrollo urbano de calidad, y al empleo de los recursos de forma responsable a través del sector inmobiliario y la industria de la construcción debe apoyarse en el criterio profesional y el conocimiento, de modo que se sustente en un urbanismo más realista, más sostenible e innovador.

Desde la sociedad se reclaman nuevas formas de hacer y de gestionar la ciudad, con una mayor participación de los ciudadanos a través de la sociedad civil, que debe estructurarse en torno a los profesionales, para garantizar calidad, agilidad y flexibilidad.

La innovación, que es la creatividad aplicada, se produce mediante la conexión de parcelas de conocimiento tradicionalmente desconectadas, con la ayuda de un catalizador de mente abierta dispuesto a imaginar lo imposible. Este papel de catalizadores es el que en buena medida los arquitectos podemos y debemos desarrollar. Ai  

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