“Los empresarios estamos acostumbrados a reconstruirnos, a los cambios y a superar situaciones por duras que sean”

Javier González de Lara

Presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA)

¿Nos enfrentamos a la crisis económica más grave en las últimas décadas? ¿Cómo la describiría?
La definiría como una crisis económica global, exógena de la economía y compleja de resolver, pues su origen afecta seriamente a la salud de las personas, con una intensidad para la que no estábamos preparados. Mientras se encuentra la vacuna o los fármacos adecuados, todas las actividades sociales, y, por tanto, también la actividad económica, están sufriendo sobremanera.
Esta situación adversa es generalizada, aunque presenta diferencias entre territorios y sectores. Estamos inmersos en una situación de gran incertidumbre, una situación muy volátil, lo que provoca que los empresarios no dispongan de seguridad, ni referentes claros para la toma de decisiones, lo que condiciona seriamente sus actividades, al tiempo que empeoran sus expectativas de futuro.
Como bien comenta, enfrentamos la crisis económica más grave de las últimas décadas. Pero esta aguda crisis económica y social que está padeciendo todo el planeta, y nuestro país con espacial intensidad, como decía, no responde a un problema de la estructura del sistema productivo, que funcionaba con normalidad hasta que irrumpió una crisis sanitaria sin precedentes.
Esa ruptura del normal desenvolvimiento de la actividad productiva resultó letal, al afectar al elemento más esencial: la libertad de empresa, ya que muchas se vieron forzadas a cerrar ante la declaración de Alarma Nacional.
La solución a la crisis pasará por garantizar la salud de las personas, pero también por reactivar nuestra economía, aprovechando los estímulos que se están articulando para hacerla más eficiente, pero nunca estará en empeñarse en cambiar el modelo productivo, en incrementar el intervencionismo, ni en el falso debate de contraponer lo público con lo privado o en someter a las empresas a un mayor esfuerzo fiscal o de los costes sociales. Sin duda, estaríamos erosionando gravemente la capacidad de recuperación de las empresas.

La caída de la economía y las empresas ha sido muy rápida. ¿Será tan rápida la recuperación o afrontamos una crisis muy duradera?
Teniendo presente la condición previa y necesaria de garantizar la salud de las personas, y a partir de ahí recuperar efectivamente la normalidad social, desde la perspectiva de la economía, la recuperación dependerá de la capacidad de colocar a la empresa en el centro de la toma de decisiones. Porque para recuperar la economía y el empleo tenemos que reactivar la actividad en nuestras empresas, que son las que generan riqueza y empleo.
Fundamental, por tanto, el diálogo, el consenso y la colaboración pública y privada, contando siempre con la opinión de las empresas, para poder tomar como sociedad las decisiones adecuadas y diseñar medidas correctas y flexibles, pues no todos saldremos en las mismas condiciones de esta crisis.
Debemos seguir insistiendo en cuestiones básicas que afectan a la competitividad empresarial, como es el acceso al capital y a la financiación, la apuesta por la innovación, profundizar los procesos de internacionalización, la seguridad jurídica, la agilización de trámites y superación de trabas administrativas, así como el impulso de la digitalización y la transición energética.
Cuestiones sobre las que ya se venía actuando, pero que se han visto espoleadas por esta crisis.
Pero al mismo tiempo será importante, fundamental, que sepamos defender los intereses de Andalucía y que aprovechemos los recursos excepcionales que para el medio plazo Bruselas está conformando para respaldar la recuperación, la transformación y la modernización de la economía.
Desde CEA estamos trabajando en identificar proyectos de inversión estratégicos que sean tractores en Andalucía, para defenderlos ante las administraciones e incorporarlos entre los proyectos que desde el Estado se van a proponer a la U.E. Nos jugamos mucho en este tema y es importante que empresas, organizaciones empresariales y la Junta de Andalucía trabajemos conjuntamente para posicionar los proyectos andaluces.

¿Cuál está siendo el impacto sobre el mundo empresarial y laboral y cómo se espera que evolucione de aquí a final de 2020?
La realidad es que la crisis ha tenido una fuerte incidencia en la empresa andaluza de todos los sectores. Durante los meses más duros, la primavera, en los que nos vimos obligados al confinamiento, siete de cada diez empresas se vieron muy afectadas en su actividad, como reflejaban los datos de la encuesta del Barómetro CEA, con caídas de actividad superiores al 50% con carácter general y meses en los que, una de cada tres empresas andaluzas tuvo que paralizar por completo su actividad, con la consiguiente incidencia en la organización del trabajo, puesto que en torno a la mitad de las empresas tuvieron que recurrir a fórmulas de flexibilidad, como el teletrabajo y a la reducción o suspensión temporal de empleo en cuanto a horas o personas.
Los peores meses fueron los de primavera, pero luego, la vuelta a la nueva normalidad ha sido menos sostenida y continua de lo que se esperaba cuando en mayo se presentaba el plan de desescalada, y la temporada turística se ha visto muy seriamente dañada.
Así, los datos estadísticos que venimos conociendo ponen de relieve el grave deterioro en el desarrollo de las actividades empresariales. Un perjuicio que hasta este verano se estima en el cierre de más de veinte mil negocios en nuestra comunidad autónoma, lo que supone la destrucción del 4,5% de nuestro tejido empresarial como consecuencia de los efectos de la pandemia.
Con el consiguiente efecto en el ámbito laboral, donde los últimos datos señalan la pérdida (frente a la tendencia de crecimiento sostenido que veníamos registrando en los últimos seis años) de casi 70.000 empleos en Andalucía en los últimos doce meses, mientras que otros 85.000 trabajadores mantienen en suspenso su relación laboral, y el desempleo se ha incrementado en unas 200.000 personas.
Los efectos de la pandemia se visualizan también en los recientes pronósticos macroeconómicos que, cierto es que están afectados por la incertidumbre según cómo evolucione la pandemia, pero que vienen a coincidir en señalar que nuestra economía retrocederá más de un 12% en este ejercicio. Para hacernos una idea de lo que ello supone, se trata de un porcentaje similar al acumulado en la gran crisis de 2008-2013.
El resultado es que la crisis nos está afectando más que a nuestros socios europeos, y que incide sobremanera en sectores que requieren del contacto social, alguno de ellos motores de nuestra economía, como son todas las actividades desarrolladas por la industria turística: alojamiento, restauración, movilidad, ocio, eventos, comercio, cultura, deporte… cuyas empresas viven hoy en día una situación de auténtico drama.

Con la Junta de Andalucía y los sindicatos han consensuado este verano un Acuerdo para la Reactivación Económica y Social de la región. ¿Tienen mucha confianza en ese Acuerdo?
El Acuerdo que hemos suscrito es una manifestación de compromiso. La mejor manera de fortalecer nuestra economía para reactivar nuestra sociedad y a nuestras empresas. Partimos para ello de algo esencial: la defensa de la salud de las personas. Esto es lo más importante, y por eso incidimos en medidas que tienen que ver con la prevención y la atención sociosanitaria. Lo vivido durante la pandemia es suficiente argumento para acordar estas medidas preventivas.
Este pacto supone también una firme apuesta para aportar confianza y estabilidad a las empresas, con el fin de favorecer la reactivación. Un Acuerdo pensado para combatir la crisis más grave de nuestra historia reciente y que supone un mensaje de esperanza, frente a quienes personal y profesionalmente están sufriendo graves dificultades.
Además, es un Acuerdo sustentado en el Diálogo Social. Hecho que tiene un valor superlativo porque si por algo creo que me pueden identificar es, precisamente, por la defensa que siempre he realizado de este instrumento democrático de participación como es el Diálogo Social. Soy un convencido de sus virtudes y del beneficio que supone, puesto que es la mayor infraestructura de un territorio, por su vínculo directo con la Paz Social.
Cuando las cosas se prevén, se negocian, el margen de error se acorta notablemente. Ese es el valor del Diálogo Social. Un valor muchas veces intangible, pero esencial para afrontar el futuro con garantías y construir la ansiada Paz Social.

¿Qué medidas destacaría del mismo?
En este Acuerdo con la Junta y los sindicatos hemos consensuado una serie de soluciones para fortalecer nuestra economía, a través de cinco ejes de actuación, con el fin de reactivar a la sociedad y las empresas. Acciones con las que pretendemos generar confianza, prevenir, mostrar fortalezas, ser reivindicativos y trabajar para el futuro, y que supone un ejercicio de responsabilidad y lealtad con la sociedad en la que actuamos.
Asimismo, el Acuerdo plantea las condiciones necesarias para la inversión, con la puesta en carga inmediata de los programas públicos de inversión y la licitación de infraestructuras, pero también tratando de dar respuesta a las necesidades de rehabilitación urbana y de vivienda, lo que a su vez ayude a impulsar la generación de empleo en Andalucía. Y con el objeto de ser el punto de partida para volver a la normalidad, que la pandemia había arrebatado a toda la sociedad. En este sentido, contempla una serie de medidas concretas, entre las que destaca el mantenimiento de la financiación empresarial, el fomento de la flexibilidad laboral, así como el afianzamiento y recuperación del protagonismo de la empresa andaluza en los mercados internacionales.
Entre estas medidas que promueve el Acuerdo, se contempla también la consolidación de la estructura financiera de las empresas industriales, con impulso y generación de nuevos proyectos empresariales, así como la adaptación de las industrias a los nuevos procesos productivos.
También se propone avanzar en la transición digital y ecológica de las empresas, en especial las pymes, potenciando las oportunidades que ofrece la transición energética para mejorar su competitividad, así como promover el aumento de la dimensión de las empresas para mejorar su productividad, haciéndolas más fuertes y resistentes ante las crisis.
Por último, se aborda la necesidad de mejorar la normativa, simplificando y agilizando los procedimientos, contribuyendo a crear un entorno de seguridad jurídica y estable, capaces de atraer mayor número de inversiones y proyectos industriales, energéticos y mineros a Andalucía.

Durante toda la crisis sanitaria venimos escuchando a las organizaciones de empresarios, la suya incluida, hacer incesantes propuestas encaminadas a combatir la crisis económica aparejada. ¿Se sienten escuchados por el Gobierno central?
En la práctica, las medidas con las que ha ido respondiendo el Gobierno de España a esta crisis han tenido como denominador común ir siempre muy por detrás de los acontecimientos. Han sido insuficientes, en ocasiones contradictorias y algunas veces han intentado estigmatizar a los empresarios, con un ataque directo a su figura, a quienes poco menos que se les reprochaba la utilización de un contexto sobrevenido para desprenderse de sus trabajadores, cuando precisamente son el principal activo de la empresa.
Ha faltado, en ocasiones, un diálogo sincero y cuando este se ha desarrollado, ha sido con mucha dificultad. Como es el caso, por ejemplo, de los ERTE; puesto que cada vez que se ha tenido que renovar su permanencia, la negociación se ha llevado ‘in extremis’ hasta el último día. Generando un gran desasosiego entre los sectores, las empresas y los trabajadores afectados.
Ha sido muy difícil, por parte de los agentes económicos y sociales, mantener una interlocución fluida con el Gobierno. Es evidente que estamos ante una situación excepcional, y en ese caso más que obstáculos lo que hay que tender son puentes de comunicación y reforzar los instrumentos que la democracia ofrece en la acción del Gobierno para ayudar a diseñar sus políticas.
El más relevante y más en estas circunstancias extraordinarias es el Diálogo Social, que ante el Gobierno siempre ha estado abierto por parte de las organizaciones empresariales, singularmente por CEOE y Cepyme. A este respecto hay que destacar la encomiable labor que han desarrollado y están desarrollando sus presidentes: Antonio Garamendi y Gerardo Cuerva, con nuestros excelentes equipos de negociadores.

En un análisis por sectores, el turístico está siendo lógicamente uno de los más afectados y probablemente sea de los que más tarde en recuperarse. ¿Cuál es el estado de ánimo en dicho sector y qué pronostica sobre su futuro?
Hacer un pronóstico sobre el futuro del turismo en Andalucía siempre será positivista, porque los estímulos diversos que atraen a millones de visitantes a nuestra tierra continúan vigentes y porque también permanecen intactos los excelentes recursos y la oferta turística que ofrecemos a los turistas procedentes de cualquier parte del mundo. Pero ahora la tarea prioritaria es salvar y rescatar al sector de su actual abandono, que ha sido generada por una crisis sanitaria mundial y no por ninguna circunstancia que esté relacionada con la actividad empresarial turística.
Por ello, desde el Consejo Empresarial de Turismo de CEA, hemos solicitado a las distintas administraciones publicas medidas urgentes para facilitar la supervivencia de las empresas del sector, dada la práctica desaparición de la demanda turística, los obstáculos al desarrollo de la actividad y el mantenimiento de los costes, lo que supone un desequilibrio que llevará al cierre de las empresas y a la pérdida masiva del empleo.
Tras la muy baja campaña de verano y con las previsiones de otoño invierno, se considera que las pérdidas previstas por el Covid pueden alcanzar al 75% de la facturación en 2020, lo que supone unos 16.100 millones de euros, en un sector estratégico para nuestra economía que representa el 14% del PIB, con más de 350.000 empleos repartidos entre 90.000 empresas turísticas.
Respecto a las medidas que se están adoptando, se considera que falta una estrategia global y rapidez en las respuestas, pues ya no estamos ante el inicio de una crisis, sino en pleno desarrollo de la misma y las medidas deberían estar en marcha y plenamente vigentes.
Asimismo, cualquier reparto de fondos tanto nacional como europeo, debería tener en cuenta la singularidad y afección del sector turístico en el territorio. En tal sentido, consideramos que resulta prioritario recuperar la imagen país, generar confianza y atajar el desprestigio internacional que se desprende de la discutible gestión global que de la pandemia se está haciendo en España.
En el ámbito financiero, en el inicio de la crisis se articularon, a través de la Sociedad de Garantía Recíproca GARÁNTIA, mecanismos que, sobre todo a autónomos y pymes, les han permitido mantener cierta capacidad, pero el propio desarrollo de la situación hace necesario que esa política financiera, que sirvió para mantener circulante, gire hacia una política de ayudas y fondos específicos que compensen pérdidas y faciliten el mantenimiento de la actividad.
En relación con el mantenimiento de los costes, es importante recordar que la Administración central tiene competencia para reducir las cotizaciones sociales, el verdadero y elevado impuesto al empleo. Asimismo, se debe actuar sobre la imposición fiscal local, sobre todo el IBI, que se mantiene constante a pesar de que las empresas no han podido desarrollar su actividad.
Por último, es posible articular medidas de apoyo e impulso a arrendadores y arrendatarios logrando paliar la sangría que supone el pago de una renta sin poder ejercer la actividad, lo que a corto y medio plazo supondrá la desaparición del negocio perjudicando a ambas partes.

¿Y en el sector inmobiliario y de la construcción? En lo que a infraestructuras respecta puede ser decisivo el Plan Andalucía en Marcha…
En cuanto al Plan Andalucía en Marcha, es una interesante iniciativa de la Administración andaluza y que supone un esfuerzo inversor importante, y un esfuerzo también de agilización de los proyectos, para movilizar hasta 2023, para poner en marcha obras de infraestructuras sanitarias, educativas, hidráulicas y de transportes y comunicaciones. Por nuestra parte son bienvenidas todas aquellas actuaciones que animen la actividad económica y empresarial tan necesaria en estos momentos. Además, con una apuesta decidida, como se pretende, por la colaboración público-privada.
En cuanto el sector inmobiliario, que lleva en los últimos años una ruta de profesionalización y renovación, también de especialización, se ha encontrado con esta crisis inmerso en este largo proceso de cambios.
Un sector que es cada vez más dinámico y profesional, capacitado para atender los nuevos paradigmas en la demanda futura de vivienda que nos deja esta pandemia, que se suman a tendencias que venían de lejos en cuanto a movilidad, transición energética y digitalización, y que lo que necesita, o demanda, es contar con una respuesta regulatoria adecuada y eficiente.
Pero, además de aprovechar estos estímulos del plan de la Administración andaluza, no podemos olvidar ni dejar pasar las oportunidades que para la construcción y el sector inmobiliario subyacen en los nuevos fondos y recursos que se pondrán en marcha en los próximos meses para el horizonte 2023.

Numerosos expertos apuntan al turismo residencial como punta de lanza de la reactivación, tanto por la excelente calidad de vida que ofrece Andalucía como por la consolidación y crecimiento del teletrabajo, que pueden propiciar que muchos ciudadanos elijan destinos como la Costa del Sol para vivir y trabajar la mayor parte del año. ¿Tiene confianza en que verdaderamente sea un motor tractor de nuestra economía? ¿Tendremos la capacidad para atraer a esos usuarios?
El turismo residencial hace tiempo que se convirtió en una valor estable, apreciado y bien dimensionado. Además, es una actividad turística en la que está garantizada la fidelidad, puesto que el usuario suele ser también el propietario del inmueble. No puede haber mayor estabilidad. Podemos decir que la crisis sanitaria es solo un paréntesis para este sector muy consolidado, con una importante presencia en la Costa del Sol, aunque los inversores también están apostando de manera destacada y desde hace algún tiempo en otras zonas de Andalucía.
En definitiva, el turismo residencial es un subsector que tiene todavía mucho recorrido que desarrollar y, además, se está innovando con otras opciones en plantas hoteleras, que ofrecen residir, pero también trabajar en el mismo espacio y que abren un nuevo tipo de destinos y nuevos usuarios.
Por provincias, ¿están sufriendo todas de igual forma?
En relación con las provincias andaluzas es difícil de valorar comparativamente ese nivel de “sufrimiento”, puesto que no hay una situación de estructura productiva similar entre nuestras provincias.
Por sectores es evidente, como ya he comentado, que el turismo, donde se incluye un amplio y variado abanico de actividades empresariales, es uno de los que más está sufriendo las consecuencias de la pandemia y las medidas adoptadas para hacerle frente, por lo que en las provincias con mayor desarrollo turístico la situación ha sido más dramática, como por ejemplo en la Costa del Sol. Pero es evidente que las ocho provincias andaluzas lamentablemente ven caer de forma notable la actividad, y con ello las oportunidades de empleo y el bienestar, al contar también con una oferta turística cultural urbana, muy apreciada internacionalmente.

¿Qué lecciones nos está dejando toda esta situación y cuáles son los grandes retos de futuro que afrontamos como sociedad?
Diría que de esta crisis podemos sacar algunas conclusiones y lecciones positivas y que suponen, al mismo tiempo, una buena base de partida para afrontar los grandes retos de futuro. Unos desafíos que ya estaban aquí y que, con la crisis sanitaria, se han hecho evidentes. Sus procesos de desarrollo se han acelerado como es el caso de la digitalización, que supone también el reto de la innovación en un contexto de crecimiento equilibrado e inclusivo.
En cuanto a las conclusiones positivas de la crisis, destacaría cuatro. Primero, hay que subrayar que se ha roto esa idea tan reiterada de que sólo la provisión pública garantiza los derechos. En este período se han declarado esenciales sectores como la industria, las telecomunicaciones, la energía, el comercio de alimentación o el sector sanitario, y hemos visto cómo ha funcionado todo sin sobresalto alguno, cuando los obstáculos eran muchos y de envergadura.
En segundo lugar, esta crisis ha reforzado la función social de la empresa. Cualquiera ha comprobado una vez más el papel de la empresa en la mejora social de cualquier territorio. En Andalucía, ha sido enorme la solidaridad empresaria, y tenemos que estar orgullosos de ello.
En tercer lugar, esta crisis ha demostrado que en situaciones extremas las empresas innovan, las que construyen respiradores de la nada o las que dejan sus líneas de producción de telas de sofás, para hacer mascarillas.
Son las empresas las que han dado soluciones técnicas a los distanciamientos, las que han salido al mercado digital, las que han creado nuevos productos y procesos para atender circunstancias excepcionales, facilitando mantener la actividad productiva, en conjunción con la promoción de la salud pública.
Finalmente, hay que destacar de forma superlativa el papel de las organizaciones empresariales reconociendo la triple función que hemos realizado. Por una parte, informando a nuestros asociados de las novedades que se iban produciendo en el día a día; en segundo lugar, trasladando a las autoridades, las legítimas y necesarias reivindicaciones de los distintos sectores; y en tercer lugar, la función que hemos asumido de promover la paz social, la convivencia y el diálogo. Siendo leales con los Gobiernos y con nuestra sociedad.

Y en el mundo de la empresa, ¿qué será diferente cuando pase el ciclón del coronavirus?
Es evidente que esta crisis suscitará cambios en la sociedad, con consecuencias a medio y a largo plazo, y evolucionará a una transformación de la economía. El enfoque que se dé a esa transformación debería transitar por una visión proactiva de futuro, que se anticipe a los procesos de adaptación y a los cambios estructurales, desarrollando nuestras fortalezas empresariales como elementos tractores del proceso.
Por otra parte, no creo que el mundo de la empresa sea muy diferente, sino que habrá ganado capacidad de superar obstáculos, de adaptarse a las circunstancias, en renovarse y mejorar constantemente. Las empresas y los empresarios tendremos más perspectivas y una visión más amplia de la actividad empresarial.
Recordando el lema de las olimpiadas modernas: “más rápido, más alto, más fuerte”, las empresas tendrán que ser más competitivas, con más innovación, más internacionales, con más tamaño, más digitalizadas y comprometidas con un crecimiento más responsable, más equilibrado y respetuoso con nuestro entorno.

Unas palabras para los empresarios que le estarán ahora mismo leyendo.
Que no pierdan la esperanza y que mantengan alto el ánimo. Porque, a pesar de las grandes dificultades y la difícil situación por la que están pasando la inmensa mayoría de las empresas españolas, los empresarios estamos acostumbrados a reconstruirnos, a los cambios, a las transformaciones e incluso a superar situaciones por duras que sean. Ése deber ser nuestro objetivo: avanzar esperanzados y superar los obstáculos.
Que no caigan en el desánimo y en la melancolía por muy difícil que sea la situación, porque seguiremos avanzado y porque nunca estarán solos. Porque tienen a su lado a las organizaciones empresariales para defenderles, ofrecerles apoyo, asesoramiento y servicios y porque tienen igualmente a su lado al conjunto de la sociedad, que ha podido comprobar en el transcurso de esta crisis sanitaria que las empresas no sólo ofrecen productos y servicios, sino que también son solidarias gracias a su comprometida función social. Ai

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