La caja de Pandora del inmobiliario. Sobre arquitectos y clientes.

José Antonio Granero

Arquitecto y socio-fundador de ENTREABIERTO

NUESTRO tiempo se caracteriza por el continuo cambio y la puesta en crisis constante de modelos y referentes, tanto en lo político como en lo económico y medioambiental. En este mundo global, pocas verdades permanecen inalterables. Los límites del espacio y el tiempo se hacen líquidos. Las fronteras se desdibujan. Y los estados y regímenes desaparecen. En este contexto inestable, sin embargo, las ciudades alcanzan su máximo protagonismo y vigencia.

La prueba más palpable de esta realidad es que la vida humana prolifera más en las ciudades que fuera de ellas. Tan solo baste recordar el hecho de que, hasta la Edad Moderna, menos del 3% de la población mundial vivía en comunidades de más de 5.000 personas, y en cambio hoy, la mitad del planeta vive en entornos urbanos y, según las predicciones, en unos 15 años será el 60%. Ahora, cuantitativamente, somos una especie urbanita.

A este hecho se viene a sumar otro no menos importante, el del impacto directo que estas mismas ciudades tienen sobre el medio ambiente. Las ciudades se han convertido en los mayores centros de consumo de bienes y recursos, alcanzando sus huellas ecológicas dimensiones planetarias. Muestra de ello es que, aunque ocupan solamente el 2% del territorio de la tierra, los entornos urbanos son los responsables del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

PERO LAS CIUDADES NO SON SÓLO PARTE DEL PROBLEMA, TAMBIÉN SON PARTE DE LA SOLUCIÓN

Los dioses nos han dado más de lo que el hombre pudo soñar en toda la historia. Vivimos en una sociedad del bienestar, hemos satisfecho las necesidades básicas de educación, sanidad, servicios sociales e infraestructuras. Ahora llega el momento de lo trascendente en la construcción de nuestro entorno, de nuestras viviendas y ciudades, de los equipamientos y el espacio público.

Pero parece que Pandora abrió su caja y, en dos años, desplegó todas las desgracias y males que podían afectar al hombre, sin embargo nos queda la esperanza. Y estoy convencido que la esperanza está en las ciudades, y por ende en el sector inmobiliario.

Nos acercamos, o quizás ya estamos en una nueva realidad, una salida de la zona de confort que nos abre nuevas posibilidades, positivas y negativas. Todo dependerá de nosotros mismos. Y en el inmobiliario ¿quienes somos nosotros?

En un mundo de ciudades, el sector inmobiliario y la industria de la construcción son responsables de la mejora de nuestro entorno, de la calidad de vida y generación de riqueza y bienestar, íntimamente vinculado a la energía y la salud.

El sector inmobiliario se basa en el proyecto, construcción y explotación de lo que llamamos activos inmobiliarios, un producto que no es otro que la Arquitectura. En la sociedad del conocimiento ha llegado el momento de una transformación total que precisa de innovación. Diseños que atiendan a las nuevas formas de habitar, procesos colaborativos y un marco regulatorio flexible que responda a un mundo cambiante.

La innovación es creatividad aplicada que aporta valor. Pero no existe aisladamente, surge de la confluencia y colaboración. Es contagiosa, necesita un entorno nutritivo y un mecenas, un promotor. En la complejidad del desarrollo inmobiliario, necesitamos que el promotor, público o privado, confíe en los profesionales y entre todos generemos nuevas formas y procedimientos que integren desde el principio, de forma abierta y transparente, a quienes intervenimos desde disciplinas diferentes, que van de lo jurídico y lo financiero, a lo técnico y lo social.

Entre esos profesionales, los arquitectos tenemos la responsabilidad de todo lo que tiene que ver con la habitabilidad de las personas, participamos en la creación de los escenarios de nuestra vida, pero además somos constructores de experiencias, de identidad y de emociones, que van desde la esfera íntima a la social, de lo privado a lo público.

Trabajamos en productos y servicios en una actividad de enorme complejidad, y de ahí que se desarrolle en equipos multidisciplinares. Son servicios profesionales de alto valor añadido, eficiencia y responsabilidad en estructuras de PYMES, vinculados a la innovación, investigación, industrialización, digitalización, descarbonización, y diseño de nuevos modelos de ciudad y formas de habitar.

Y ¿QUIÉN ES EL CLIENTE DEL ARQUITECTO? Y ¿CUÁL ES SU EXPERIENCIA?

Nuestro cliente es el sector inmobiliario, pero estamos al servicio y somos responsables ante la sociedad de lo que hacemos, que quedará por décadas, para beneficio o disgusto de quienes lo habiten, lo disfruten o lo padezcan. Cualquiera puede cerrar un mal libro o salirse de una película, pero no puede evitar una torre horrorosa frente a su casa o un paisaje urbano deteriorado. La Arquitectura se construye para ser habitada por personas, forma parte de una ciudad o de un paisaje, y es patrimonio de una sociedad que convivirá con ella muchas décadas. Representa emprendimiento e innovación, exige una formación altamente especializada y una importante inversión en tecnología para garantizar la calidad y responsabilidad que requiere nuestro mundo hoy.

El mejor producto inmobiliario debería ser la mejor arquitectura, sin embargo a veces no funciona y a los arquitectos se nos ve como “perros verdes”. Quizás nos falta un aprendizaje o un traductor o interprete que haga que hablemos el idioma de nuestros clientes.

Durante años se extendió la idea del arquitecto como un ser caprichoso, con voluntad de artista, que se olvidaba de su cliente, sin embargo nada más lejos de la realidad. No necesitamos libertad absoluta ni presupuestos abiertos, trabajamos perfectamente con los límites de la ordenanza, la normativa y un presupuesto, hace falta que todos seamos conscientes del alcance del trabajo y la responsabilidad.

De manera progresiva, los arquitectos hemos ido asumiendo más responsabilidades como consecuencia de las nuevas normativas, código técnico y todo lo referente a sostenibilidad, certificaciones, nuevas tecnologías y digitalización. Hemos implementado el BIM con un coste de inversión en equipos y formación, que no han hecho ni constructoras ni administraciones. Se nos convoca a concursos de ideas con un despliegue de creatividad, recursos y medios sin coste para el promotor, y el alcance de nuestro trabajo se extiende en el apoyo a la comercialización y personalización de las viviendas, paisajismo, diseño interior… Y mientras nuestros honorarios siguen en cifras de hace 20 años.

El sector inmobiliario debe primar el talento, cuidar a sus técnicos para que sean los mejores, estén bien formados y puedan aportar el valor que hoy necesitamos. Porque la producción a bajo coste estará en países en vías de desarrollo, donde la calidad de vida no entra en la ecuación. Una empresa de servicios profesionales se basa en la confianza y necesita calidad y experiencia.

Siempre me ha gustado rodearme de personas que piensan diferente, que nos aleja de la superficialidad reinante y, entre los arquitectos, eso significa escuchar a quienes nos ven desde fuera, nuestros clientes, para tratar de anticiparnos a lo importante que ni siquiera imaginamos.

Hemos tenido ya tiempo para reflexionar sobre lo que nos sucede, y para analizar en parte sus causas. Los arquitectos, junto con el resto de los profesionales e instituciones, debemos ser artífices de la nueva realidad. Una reordenación del mercado de servicios profesionales nos permitirá invertir en la aportación de valor, conocimiento e innovación.

Para terminar, como arquitecto, no puedo evitar hablar de la belleza, del derecho a la belleza que debemos buscar denodadamente y de la función emocional de lo que hacemos. Porque si en arquitectura todo debe cumplir una función, la emoción también lo es. Y es la que nos mueve a tomar las decisiones más importantes de nuestra vida. Si la razón convence es la emoción la que decide. Y a los arquitectos nos mueve la emoción y la pasión por lo que hacemos, ahora necesitamos el compromiso compartido de nuestros clientes.

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